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Psicólogos de impacto social

Un psicólogo social UAI tiene la capacidad de comprender el contexto social desde una mirada crítica y capaz de proponer intervenciones de diferente tipo, por eso, la experiencia profesional es importante, ya que abre un abanico de posibilidades en términos del aporte un psicólogo social tiene en las diversas organizaciones.

El objetivo principal de la Escuela de Psicología es transformar personas y sociedades, y los estudiantes se adhieren a este desafío escogiendo intervenir en organizaciones de todo tipo. Ana Rosenbluth, Directora del Magíster en Psicología Social que recibe a estudiantes de quinto año, cuenta que “tenemos estudiantes que están haciendo intervenciones en salud comunitaria por ejemplo, trabajando interdisciplinariamente con herramientas del arte para trabajar emociones, organizando seminarios en diferentes temas: género, diversidad, inclusión, realizando diagnósticos de relacionamiento comunitario, facilitando procesos participativos, entre otras actividades que les ha tocado realizar”.

Bárbara Arrios por ejemplo, decidió hacer su práctica en Amnistía Internacional, una organización sin fines de lucro de impacto global que busca poner fin a los abusos a los derechos humanos. Amnistía representa a 150 países y territorios alrededor del mundo. “El trabajo que hacen por la defensa de los derechos humanos es increíble, además me gustó que fuera un movimiento independiente, es decir, que se sustenta en base a donaciones, lo que permite mantener un rol ético en la sociedad y no verse influenciados por quienes les dan fondos”, explica la estudiante.

“La verdad es que sentí que ahí realmente podía hacer algo significativo y que tuviera un impacto colectivo”

  • ¿Por qué elegiste Amnistía Internacional para realizar tu práctica profesional?

En un comienzo me uní al equipo de Diversidad Sexual y de géneros, y me ha tocado hacer de todo un poco: desde tareas administrativas y de sistematización, hasta facilitar talleres, construir una herramienta emocional en conjunto con una consultora, para que pueda ser utilizada por staff y activistas en varios países de Latinoamérica, y trabajo de campaña para la modificación de leyes (por ejemplo, la Ley Antidiscriminación, también conocida como Ley Zamudio).

  • ¿Cómo ha sido la experiencia?

Mi experiencia ha sido intensa y enriquecedora. Intensa porque jamás pensé que me vería involucrada en el estallido social de esta manera, haciendo activismo de manera constante y viendo la vulneración de derechos día a día. Sentí que me tuve que poner en sintonía inmediatamente, como si tuviera años de experiencia.

Enriquecedora porque cuando empecé a estudiar, no sabía bien cómo iba a aplicar todos mis conocimientos, me sentía un poco en el aire; ahora con todo lo que ha pasado, siento que tengo mucho que decir y aportar.

  • ¿Qué desafíos enfrentaste?

Con el estallido social mis tareas tuvieron que ampliarse, estuve trabajando en territorios periféricos facilitando círculos comunitarios, que eran una herramienta de contención emocional fundamental para que lxs pobladorxs pudieran seguir luchando. También realicé estos círculos con el staff de Amnistía Internacional, quienes tienen una labor activa en la defensa de los derechos humanos de la sociedad.

  • ¿Cuál sientes que ha sido el aporte de tu trabajo en la organización y en la sociedad?

A pesar de que la salud mental cada vez se toma más espacios, sigue siendo un privilegio acceder a ella, por lo que siento que es nuestro deber como estudiantes y profesionales llevarla a otros lugares, donde realmente se necesita. Además, he aprendido un montón, porque en Amnistía Internacional hay un equipo de profesionales y activistas de una calidad humana inmensa, que dedican sus días a contribuir en la sociedad, a apoyar a las personas de una manera empática, pero no asistencialista, sino que compartiendo sus conocimientos con otrxs para que puedan exigir sus derechos de manera autónoma.

  • ¿Qué ha sido lo que más te ha llenado en esta práctica?

Lo que más me ha llenado es el trabajo en terreno, el hecho de estar vinculándome con las personas, estar atenta a sus necesidades para ver cómo podemos ayudar.

El aprendizaje más grande que he tenido es la importancia de la interseccionalidad. Existen tantas problemáticas en nuestra sociedad que nos afectan de manera tan distinta a cada unx de nosotrxs que es importante considerar todo al mismo tiempo al momento de analizar un fenómeno, y ver cómo este perpetúa desigualdades y vulneraciones. Considero que es fundamental porque al momento de diseñar intervenciones psicosociales, es necesario tener en cuenta todas esas variables porque si no, nuestro trabajo será en vano, y no tendremos un impacto real en la sociedad.

– ¿Qué rol tiene la Escuela en tu decisión por elegir Amnistía Internacional como lugar de práctica?

Me parece que es una oportunidad inmensa, sobre todo porque he podido notar que existe un prejuicio hacia lxs alumnxs de la UAI, que somos acomodados o que no tenemos conciencia sobre los problemas que se viven a nivel social. Mi práctica me ha permitido estar realmente en terreno, dónde pasa todo lo malo, dónde podemos ver la lucha y no solamente tener una mirada superficial y lejana. Mi práctica me permitió conocer a gente que da todo de sí para que otrxs vivan mejor. Me ha permitido seguir cuestionándome mis privilegios y comprender cómo puedo utilizarlos para que, algún día, todxs tengan las mismas oportunidades que tuve yo. Y dado el panorama actual, creo que nadie debería quedarse ajenx a eso.

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