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Yo vengo a San Rosendo…

30 de Julio 2017 Columnas

Soy santiaguina. Nacida, criada y malcriada en la capital. Pero orgullosamente adoptada por la V Región, hace ya nueve años. Podría decir santiaguina de nacimiento, quilpueína por opción y regionalista por convicción. Comienzo esta columna desclasificando conceptos, para que nadie vaya a pensar que soy una turista política.

Porque el escenario parlamentario ha acaparado las portadas en los últimos días, a raíz de los conflictos que se repiten en todas las regiones del país, y esa frase ha sido reiterativa. Pese al cambio del binominal y al aumento de los parlamentarios, la negociación ha sido igual de intensa que en años anteriores. Los partidos comenzaron muy fraternalmente a hacer sus peticiones, con una fe a toda prueba. Pero la lógica política hizo que, en la medida que se acerca la inscripción de las candidaturas, el fajo de naipes (léase circunscripciones y distritos), cuidadosamente armado en forma de casita, se desmoronara. Y cualquiera que haya jugado a esto, sabe lo que sucede cuando se inicia la caída: toda la baraja se va al suelo.

Esa figura representa lo que le sucedió a la Nueva Mayoría esta semana. Aunque hasta ahora los esfuerzos por lograr un acuerdo se mantenían, lo cierto es que  a la Democracia Cristiana le quedó claro que era la niña fea de la mesa, que nadie quería jugar con ella –al menos bajo sus condiciones, con presidenciable propio- y que más le valía empezar a mirar hacia otros lados. Entonces, las cartas se cayeron. Y el terremoto no es menor, pues tal como lo reconoció en estas páginas la abanderada falangista, Carolina Goic, la coaliación oficialista se acabó. Diagnóstico triste y complejo para un conglomerado que se aprestaba a conmemorar 30 años (desde que, en febrero de 1988, se creó la Concertación de Partidos por el No) y que, guste a quien guste, le dio gobernabilidad al país desde 1990.

En la interna de los partidos el juego de cartas  se repite. En lo local, las páginas noticiosas han estado marcadas por el PS, que todavía no logra un acuerdo dentro de sus filas, con tormentas esporádicas como la llegada a la política regional de la senadora Isabel Allende, en su momento, y –en los últimos días- del exvocero de La Moneda, Marcelo Díaz.

Dentro del socialismo, el alcalde Mauricio Viñambres respaldó la llegada de Díaz, mientras otros dirigentes lo cuestionaron y lo tildaron de “turista político”. Sin embargo, en el mismo texto apoyaron la opción de Allende al Senado. Curiosa diferencia, considerando que la senadora tampoco nació ni vivió en la región. En paralelo, salieron en defensa de la candidatura del ex intendente Ricardo Bravo, poniendo en relieve su localía y pasando por alto que fue precisamente el fuego amigo el que lo sacó de la intendencia el 2015.

En las pasadas senatoriales, este fue un tema central. Así logró el RN Francisco Chahuán ganarle al UDI Joaquín Lavín, recordando que él pertencía a la región y su contrincante no. Pero de igual forma, en la otra vereda, el PPD Ricardo Lagos Weber –que venía de la capital- venció al DC Hernán Pinto, logrando además la primera mayoría. Una gran diferencia con Díaz, es que Lagos Weber se instaló en Valparaíso, con camas y petacas, un año antes de las elecciones.

¿Es realmente relevante dónde ha vivido anteriormente el candidato? Si bien un candidato local puede tener un conocimiento más vivencial de las problemáticas del distrito o circunscripción, alguien que se instala –con tiempo- aquí también conoce de cerca esos conflictos. El tema está en la forma y los tiempos. Y ahí es donde el ex vocero PS  tendrá un proceso cuesta arriba.

No porque no haya nacido aquí, sino porque no está claro cuál es la razón por la que llega, a 120 días de las elecciones. Ciertamente es una figura que puede renovar y darle fuerza a la alicaída política regional, ¿pero tiene un proyecto real para beneficiar a sus ciudadanos o en realidad fue el despecho político (más que el turismo), lo que lo trajo, cuando Camilo Escalona lo dejó fuera de la carrera por la circunscripción de Aysén?

Lo mismo en el caso de Allende. ¿Qué es lo que la mueve desde Atacama? ¿Es un proyecto que beneficiará a la región? En una entrevista, ella misma afirmó que pensaba retirarse de la vida parlamentaria, pero que desde el PS “se lo pidieron”. ¿Es eso suficiente para considerarla local?

Como en todo, las reglas debieran ser claras. Cualquiera que venga a San Rosendo desde la gran ciudad y que aspire a ser parlamentario, debiera instalarse previamente (no cuatro meses antes), conocer sus problemas y tener un proyecto claro. Quizás así la discusión se centraría en las propuestas y no en el certificado de residencia, en el turismo o el despecho político.

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