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Un duro encuentro con la realidad

20 de Agosto 2017 Columnas

Crecieron como la espuma. La parada a lo James Dean, versión siglo XXI, los hizo revitalizar una política cada vez más lenta, dormida, cansada. Revolucionaron el mundo político desde 2011, complicándole la existencia a los últimos tres gobiernos…

Hicieron vibrar a la ciudadanía, hace rato cansada de los Girardi, Escalona, Novoa y Longueira, por nombrar a algunos. Lograron que los papás y abuelos revivieran sus tiempos de lucha, y volvieran a salir a la calle, esta vez para pedir una educación gratuita y de calidad para sus hijos y nietos. Todo orquestado por estos estudiantes, muchos de ellos ni siquiera mayores de edad.

Luego llegaron al Congreso. Como buenos jóvenes, con la rebeldía a flor de piel. Hicieron frente al bullying de los históricos, que los tildaron de inmaduros, les criticaron la vestimenta (porque no estaban dispuestos a ponerse terno y corbata) y los ningunearon, pensando que no serían más que unos niños bonitos jugando a hacer política.

A esas alturas los dos representantes de este nuevo movimiento en el Congreso, Giorgio Jackson y Gabriel Boric, se reían de aquello e intentaban demostrar que más allá de los jeans, las medidas populistas (como donar parte de su dieta parlamentaria), y los videos por redes sociales, estaban ahí en serio. En esa campaña los ayudó el histórico triunfo que significó la elección de Jorge Sharp, el “hermano chico” de Boric, como alcalde de Valparaíso, por sobre el ex edil de Chile Vamos, Jorge Castro, y Leopoldo “DJ” Méndez, que representó a la Nueva Mayoría. Por primera vez este nuevo conglomerado “ciudadano” le ganaba a las coaliciones que dirigían el país desde el ’90.

Así como en los ’70 todos los ojos del mundo estaban puestos en el experimento chileno de la vía democrática al socialismo, ahora el mundo político del país miraba esta prueba de fuego para el Frente Amplio: el municipio porteño. Pero otra cosa es con guitarra, dijo el jefe comunal, mostrando que la política –sobre todo la local- es más difícil de lo que esperaba.

Y así parece ser. Esta semana, los líderes del FA recibieron un balde de agua fría, que muchos advertían, pero que quisieron creer. Fue el ex precandidato presidencial de sus propias filas, Alberto Mayol, quien les hizo bajar los pies a la tierra y darse cuenta de que ser “servidores públicos”, renegar de todo lo realizado por los representantes políticos de más larga data  y liderar un movimiento político/ rebelde no es fácil.

El problema del conglomerado que sustenta la candidatura presidencial de Beatriz Sánchez, es que denostaron la política y –con la inexperiencia propia de la juventud- creyeron que podían llegar a reformarlo todo. Pensaron que los seres humanos eran bondadosos, al menos los que adherían a su proyecto, a diferencia de quienes ya llevaban un tiempo en política y estaban oxidados por la corrupción y el descrédito.

Generaron una expectativa mayúscula, ante una ciudadanía que necesitaba creer en algo. Pero no se dieron cuenta de que las sobre-expectativas, amplificadas por las redes sociales, caen con una fuerza proporcional a lo infladas que están: y el porrazo de esta semana así lo demostró.

Porque aunque la mona se vista de seda (o de jeans, en este caso), mona queda. Y aunque los frentamplistas realmente creyeran que venían a refundar la política, esta actividad no va a dejar de ser la lucha por alcanzar el poder, por parte de seres humanos que tienen –legítimamente- ambiciones personales.

Entonces, cuando Sharp dice “seguimos con prácticas añejas propias de la vieja política” es cierto. Las negociaciones políticas seguirán siendo lo que han sido: discusiones para cubrir cupos escasos, que quieren ser llenados por múltiples candidatos y donde siempre habrá vencedores y heridos. Y picados, por cierto.

Cuando continúan en la senda de creerse superiores al resto, denostando todo lo avanzado, alimentan expectativas ciudadanas que terminarán  dañando irreversiblemente su proyecto. Porque en esta crisis ni Mayol ni Giorgio Jackson ganaron. Mucho Menos Beatriz Sánchez. Por primera vez, se vieron inmersos en sus peores fantasmas: la manipulación política, la filtración, la crítica destemplada de francotiradores internos y la existencia –pese al poco tiempo de esta coalición- de vacas sagradas. Jóvenes, pero sagradas.

Más que refundación, lo que aporta el FA es energía, un empuje que se echaba de menos. Pero al  prometer que van a salvar la política del egoísmo y las malas prácticas, como si fueran los adalides de la transparencia y la bondad, desconociendo de paso  la naturaleza de la política, lo único que lograrán es que su novedad se desvanezca rápida y públicamente.

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