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La historia “secreta” de Prat

21 de Mayo 2017 Columnas Noticias

El escritor Jorge Baradit se ha hecho famoso publicando dos libros que contendrían “historias secretas” de Chile. Relatos que, quizás producto de los poderes fácticos habrían sido ocultados por la historiografía tradicional hasta la llegada de Baradit.

Uno de estos casos sería el “lado B” del héroe Arturo Prat y que da cuenta, entre otras cosas, no del salto que lo terminó conduciendo a la inmortalidad, sino los medios que ocupó en su momentos para tratar de conectarse con ella, específicamente las sesiones de espiritismo ejecutadas, junto a su esposa, Carmela Carvajal para entrar en contacto con el mundo de los muertos.

A primera vista, podría resultar lógico que una institución tradicionalista y católica como la Armada de Chile se haya preocupado de “ocultar” esta información a su personal. No obstante, una revisión levemente más ligera nos permite descubrir que se trataba de antecedentes que aparecían publicados en la principal biografía escrita sobre Arturo Prat, la de Gonzalo Vial Correa, publicada hace más de veinte años. Ninguno podría decir que se tratara de un historiador rupturista.

Por el contrario, al fallecido abogado se le criticó, justamente, su conservadurismo haber sido partícipe del Gobierno Militar y haber escrito una biografía del general Augusto Pinochet con la que nunca se sintió cómodo.

Gonzalo Vial destaca la faceta más interesante de este marino particular, aquella que lo convierte en un personaje extraordinario antes del 21 de mayo y donde el abordaje aparece como el corolario de una biografía llena de sacrificios, una vida consagrada a su patria y de la que nos gustaría destacar tres hechos.

Quizás el hecho más llamativo de Prat lo constituya su interés por desarrollar, paralelo a su rol de marino, la profesión de abogado. Su título le habría permitido, en teoría, retirarse de la institución, dejar de estar embarcado lejos de su familia y haberse dedicado a las leyes, lo que habría sido bastante más lucrativo.

Sin embargo, Arturo Prat pese a la resistencia familiar optó por lo primero, aunque esto lo alejara de la familia y lo expusiera a una serie de sacrificios y peligros. Fue justamente esta condición la que lo alejó de su esposa e hijos y le impidió estar cerca del fallecimiento de su pequeña hija Carmelita. Su afán por comunicarse con los muertos, práctica a la que se sumaban conocidos personajes porteños como Eduardo de la Barra o Jacinto Chacón, respondió a este sentimiento de pesar y de culpa de un padre que, por estar embarcado, no pudo estar en el fallecimiento de la hija.

Su vocación de servicio, término tan manoseado en época de elecciones, se hizo real al asumir desafíos como el de haber servido de espía del gobierno de Chile en Montevideo.

Aquí fue donde su doble condición de marino y abogado facilitó una misión encubierta que tenía como objetivo observar el movimiento de la escuadra trasandina en el Río de la Plata. Misión que a estas alturas tampoco tienen mucho de secreto, ya que ha sido estudiada por José Miguel Barros y Piero Castagneto.

Como último punto, y respecto a la gesta que lo catapultó a la inmortalidad, esta acción se explica como resultado de una acción planificada y racionalizada. En este punto hay que recordar que Prat se desempeñó durante muchos años como docente de la Escuela Naval donde hizo clases entre muchas otras cosas, de Táctica Naval.

El abordaje era una de las tantas posibilidades que existían para enfrentar a un enemigo superior, como ocurriría luego con el Huáscar en ese sentido destaca Vial sobre esta acción: “Únicamente procura cumplir su deber: 110 persigue el gesto heroico, ni la gloria, ni el sacrificio inútil, ni menos una hazaña o una muerte extraordinaria, que lo ensalcen o perpetúen su nombre”.

Finalmente, hay que rescatar de la obra de Baradit, una faceta más humana de Prat. Y por otra parte, aunque genere tirria en muchos historiadores, ha logrado motivar, bajo el manto del supuesto secretismo, a que muchos chilenos se reencarnen con la historia, como alguna vez hizo Jorge lnostroza con “Adiós al Séptimo de Línea”.

Una tarea que los historiadores quizá demasiado enfocados en las publicaciones académicas estamos al debe.

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