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El tren rápido

6 de febrero 2018

Todos los años en los periódicos locales figura una nota en la que se informa de un nuevo proyecto que unirá la región de Valparaíso con Santiago a través de un tren rápido. Sin embargo, esta vez, pareciera que la propuesta de la empresa Tren Santiago Valparaíso podría ir un poco más en serio.

Los estudios indican que el tren uniría Valparaíso con Santiago en 45 minutos y Viña del Mar con la capital en 39 minutos, a una velocidad promedio de 200 kilómetros por hora y a un costo promedio de unos seis mil pesos.

Hace unos años, El Mercurio de Valparaíso informaba del interés de una empresa alemana por ejecutar una idea similar en compensación por la compra de unas fragatas. El proyecto era todavía más ambicioso, porque incluía reactivar el ferrocarril trasandino entre Los Andes y Mendoza.

Aunque el sueño de escribir mis columnas cómodamente sentado en un tren rápido rumbo al archivo nacional en Santiago puede que nunca llegue a concretarse, vale la pena recordar que hace más de un siglo, con menos recursos y tecnología, tuvimos un tren que unió ambas ciudades.

Mucho antes, Viña del Mar, la hija de los rieles, como ha sido llamada, debió gran parte de su desarrollo justamente al ferrocarril que unió las viñas que aquí existían con el próspero puerto de Valparaíso, a mediados del siglo XIX.

Muchos habitantes de Valparaíso tuvieron la oportunidad de subirse por primera vez a un tren en la estación Barón cuando este fue inaugurado el 16 de septiembre de 1855. Se trataba de un tramo de aproximadamente 7 kilómetros que conducían hasta lo que hoy correspondería al sector de El Salto. Todavía no se habían construido las estaciones, lo que no impidió que el tren se detuviera en algunos sectores donde los pasajeros pudieron bajar y realizar sus picnics.

Los nombres de las primeras máquinas que fueron presentadas y bendecidas en la inauguración permiten dar cuenta de las dificultades que estuvieron detrás de su ejecución: Empresa Vencedora y Obstáculos.

El acto inaugural contó con la presencia del Intendente Manuel Blanco Encalada quien, junto a su comitiva, se subió a un coche especial. El camino estaba adornado con arcos de arrayán con una estrella solitaria en el medio, que el flamante tren debía atravesar.

Poco antes del mediodía, los coches iniciaron su viaje a Viña del Mar, destacando la crónica, como dato curioso, que el túnel de Los Mayos se cruzó en completa obscuridad. Una vez que arribaron al sector donde se terminaba la línea, los asistentes se bajaron para disfrutar de un banquete y regresar a eso de las cuatro de la tarde al punto de origen.

La crónica del diario comenta que algunas mujeres se abstuvieron de participar del primer viaje para evitar las aglomeraciones que generó la expectativa: “Muchas personas, particularmente señoras, que en los días del dieciocho no habían hecho la resolución de pasearse en el ferrocarril para evitar las molestias y consecuencias desagradables de ese agolpamiento de gente que invadía los carros hasta quedar llenos con mayor número de personas que el que podían contener se reservaron para hacer su primer experimento el día de ayer con más espacio y comodidad”.

Tendría que pasar un par de décadas para que el proyecto se extendiera desde Valparaíso a Santiago, otro proyecto que se vio retrasado por mezquindades, celos profesionales y, como suele suceder en estos casos, intereses contrapuestos, luchas que quedaron inmortalizadas en las crónicas de Benjamín Vicuña Mackenna.

Es de espera- que el proyecto del tren rápido no quede como uno más de los tantos sueños que jamás se ejecutaron en la ciudad.

Una obra de estas características traería una serie de contribuciones, como trabajo y mejora en la calidad de vida. Que los intereses de algunos sectores que se puedan ver amenazados con esta obra comprendan que el progreso de la región depende de invasiones como esta y que, a la larga esto terminará beneficiándonos a todos.

Publicado en El Mercurio de Valparaíso.

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