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Condorito: La historia “secreta” detrás del pajarraco

7 de Mayo 2018 Columnas

Esta última semana se anunció la publicación de una obra biográfica del caricaturista Temístocles Nazario Lobos Aguirre, más conocido como Themo Lobos (1928-2012), creador de Mampato y Ogú.

Entre las entrevistas que se han dado a conocer del autor de esta obra, Rafael Valle, destaco una realizada en El Mercurio y en la que se revela una sorprendente anécdota: “A fines de los años 40, Themo le había mostrado unos bocetos de un personaje que era un cóndor antropomorfo. La sorpresa fue grande cuando vio en la revista ‘Okey’ al Condorito Aventurero firmado por Pepo, con enormes semejanzas a su personaje Sofanor. Eso marcó a Themo, que en adelante sería muy receloso de su trabajo”, asegura Valle.

Sin ánimo de defender a Pepo, vale la pena detenerse y comprender que la historia detrás de este plagio es un poco más compleja. Aunque pueda resultar rebuscado, todo se inició con la Segunda Guerra Mundial, cuando el poder de Adolf Hitler parecía incontrarrestable y las fuerzas británicas estaban a punto de desfallecer frente al poder nazi. Ante este panorama, Estados Unidos se vio en la necesidad de contrarrestar una amenaza que, tarde o temprano, terminaría chocando con sus intereses.

En este contexto, los norteamericanos supusieron que iban a obtener rápidamente el apoyo de sus vecinos del sur. Sin embargo, la reacción fue bastante más tibia. Países como el nuestro, habían logrado sortear la Gran Guerra como neutrales, sin mayores consecuencias.

Antes que recurrir a la coacción, los norteamericanos se las ingeniaron para llegar al corazón de sus vecinos latinoamericanos y utilizaron a uno de los nombres más prestigiosos en esta campaña, uno que a través de películas como Fantasía, Blanca Nieves y Pinocho se había ganado el corazón de América: Walt Disney.

De esta forma, se diseñó un plan para que el famoso dibujante recorriera el continente con el objetivo explícito de realizar una película que incorporara a todos los países, aunque en la práctica, venía a comprometernos con la causa estadounidense en la Segunda Guerra. Su bolígrafo tenía un poder oculto como la manzana de Blanca Nieves.

Alojado en el Hotel O’Higgins y luego de un breve recorrido por Viña del Mar que consideró el Palacio de Bellas Artes y la Playa Miramar, las páginas de El Mercurio de Valparaíso dan cuenta del entusiasmo ingenuo con que fue recibida la pluma más famosa del orbe: “Al tener la oportunidad de conocer de cerca al admirable mago que ha dado vida a tantos y tan ruidosos personajes, podemos comprobar de inmediato que estábamos en lo cierto, Walt Disney vive como los muñecos que anima: en perpetuo humor” (4 de octubre de 1941).

La alegría de su visita se transformó pronto en frustración, cuando se estrenó la película “Hola Amigos” como resultado de su viaje por América del sur. Mientras divertidos y coloridos personajes representaban a Argentina, Brasil y Perú, Chile era personificado por un pequeño avioncito llamado Pedro. El avión no tenía nada de malo, pero tampoco nada de bueno, era insípido, un comodín que le permitió salir del paso de una pregunta que, exculpando a Disney, hasta el día de hoy nos cuesta responder ¿Qué nos identifica?

A raíz de esta frustración, René Ríos Boettiger, más conocido como Pepo, se avocó a la tarea de crear un personaje que reemplazara al avión Pedro y que fuera representativo de nuestra idiosincrasia. Así nació Condorito, una tesis que no es excluyente del plagio que acusó Themo Lobos, pero que deja en claro que la inspiración de Pepo era más profunda.

Finalmente, y en el momento que Pepo parecía haber logrado lo que para Disney fue imposible, el proceso de internacionalización de Condorito generó que en muchos países comenzaran a atribuirse la nacionalidad de su personaje: Colombia, Ecuador, Perú, etc. ¡Plop! La explicación es que son todas naciones andinas, cuna natural del cóndor, y su vestimenta, similar a la de sus zonas rurales. Volvíamos al punto inicial en que partió Disney, la búsqueda de un personaje que sea un representante exclusivo de nuestra identidad.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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