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Analizar los efectos del covid-19 desde las ciencias del comportamiento

20 de Noviembre 2020 Noticias

A pesar de los efectos negativos que ha traído la pandemia, esta crisis trae una oportunidad única de catalizar cambios institucionales y desarrollar un mejor contrato social, y la ciencia -en específico las ciencias del comportamiento- son un buen motor para transitar hacia ello. En este contexto, el 25 de noviembre comienza el Congreso Internacional Virtual de Neurociencias: Cerebro y comportamiento en tiempos de covid-19, en el participa la Escuela de Psicología a través del Centro de Neurociencias Social y Cognitiva, y que preside el académico UAI, Agustín Ibáñez, liderando las diferentes voces interdisciplinarias que trae el congreso para construir una mejor visión de conjunto posible.

El objetivo del congreso, que se extiende hasta el 28 de noviembre, radica en llamar a investigadores y profesionales de diferentes áreas y ubicaciones geográficas interesados en los métodos de las neurociencias aplicados a la comprensión del comportamiento humano, especialmente en tiempos de crisis e incertidumbre como la actual por covid-19. El congreso cuenta con la participación de líderes internacionales y regionales expertos en las temáticas, premios nacionales de ciencia y expertos del ámbito de las políticas públicas

“A la espera de una vacuna o tratamiento (que, en el mejor de los escenarios, solucionaría la pandemia pero no la sindemia), los esfuerzos por entender e incidir en el comportamiento y los procesos neurocognitivos se convierten en el desafío central de esta crisis multinivel”, explica Agustín, quien agrega que nuestra economía ya no es únicamente basada en la materia prima o del conocimiento, sino que del comportamiento y de la mente, en la que las profesiones exigirán cada vez más habilidades cognitivas, emocionales y sociales.

En particular, la experiencia del académico permitirá aportar perspectivas para transitar la era de la incertidumbre por los mejores caminos. “Este 2020 la pandemia ha expuesto el frágil equilibrio de nuestras mentes y entornos, la socialización es nuestra mejor fuente de regulación emocional, y la soledad (percibida) puede empeorar nuestra salud cardiovascular, inmune, psiquiátrica y neurológica; las redes sociales pueden ser un salvavidas o una toxina; las dinámicas familiares y de las instituciones educativas se han tensado al extremo. La incertidumbre, el impacto socioeconómico, y las dificultades laborales parecen hoy ser la póliza de nuestro futuro, y yo pretendo, desde mi humilde experticia, aportar a la generación de espacios para forjar cambios”, indica el académico como sus principales desafíos en esta nueva oportunidad.

Como sociedad somos espectadores de una de las crisis sanitarias más devastadoras del último siglo, sin embargo, según indica Agustín, el covid-19 no el responsable de ello, “ese diminuto microbio con agujas ha desnudado una “sindemia” global gigantesca que conecta la salud con la desigualad, las poblaciones de riesgo con la economía, el trabajo con la salud”, es en este escenario que el Congreso busca abrir una conversación sobre la salud cerebral y las habilidades del comportamiento como el nuevo valor de la renovación económica post covid-19, y parte de su recuperación global a largo plazo.

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