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Gabriela Clivio: “Hay mucho por hacer para que las mujeres tengamos cada día más espacio en el área económica y financiera”

14 de Octubre 2022 Noticias

¿Puedes recordar el día exacto en que descubriste tu pasión? Gabriela Clivio, economista, magíster en finanzas y profesora de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez, sí.

Tenía 8 años, estaba de vacaciones en Punta del Este, Uruguay (su país de origen) y su papá le compró el libro “El hombre que calculaba” de Malba Tahan. “Me di cuenta que los números me encantaban, que se me daba muy fácil entenderme con los números y pensar en números (ahora me sale fácil entenderme con las personas, pero ahí empezó todo) y luego tuve la suerte de ir a un colegio donde me enseñaban economía a los 15 años. Entendí que ésta conjugaba la matemática que me gusta mucho, la aritmética y el pensamiento lógico con un tema de las emociones, una ciencia social” cuenta varios años después en el patio del campus de la Universidad Adolfo Ibáñez, donde hace clases a los estudiantes del Magíster en Finanzas.

La decisión de estudiar economía, entonces, no fue extraña para ella, pero sí en su país, donde -dice- casi nadie estudiaba esa carrera, menos una mujer. “Era una carrera que la conocía muy poca gente. Se impartía en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de la República de Uruguay, pero el 99% de quienes entraban a la carrera terminaban optando por administración. Yo era un bicho raro, porque la gente se eternizaba en la universidad y yo quería terminar pronto para ejercer. Cuando terminé tenía 22 años y si ya era raro ver a una economista, ver a una economista mujer y de 22 años era más difícil aún” recuerda.

Mientras aún era estudiante, Gabriela se desempeñó en un centro de investigación llamado “Ceres” donde recuerda haber aprendido aspectos más duros de la economía. Cuando se tituló, ganó un concurso y terminó siendo economista jefe de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, que dependía directamente de la Presidencia de la República. “Poco tiempo después postulé a una beca que daba el Banco Central de Uruguay para hacer un curso de economía. Los mejores del curso tuvieron laoportunidad de hacer un máster en economía en Chile.”

Y así fue como llegó a nuestro país.

Acá hizo finalmente dos másters y comenzó a trabajar en un sector que en Uruguay recién estaba empezando a desarrollarse; la administración de fondos de pensiones. “Mi idea era quedarme acá trabajando en mercado de capitales, y después volver a Uruguay. Entremedio hice muchas cosas interesantes, muchas desde cero, porque me gusta ir abriendo caminos, de hecho me considero una persona que abre caminos. Estuve ahí 3 años siempre consolidando áreas y empezando otras y luego me fui a trabajar a Nueva York.”

De vuelta en Chile, obtuvo la certificación CFA, convirtiéndose en la primera mujer en tener esa certificación en Chile y la tercera persona del país. Pero ¿Qué significa tener la certificación CFA? “Es una certificación muy reconocida a nivel internacional en todo lo relacionado con estudios, análisis de empresas y de inversión, asset management, etc, es decir, es como tener un pasaporte global en el mundo de las finanzas.”

Luego de trabajar en un departamento de estudios en una corredora de bolsa, fue gerente de estrategia y llegó a ser gerente general de un fondo mutuo que ganó con ella su primer premio salmón.

 ¿Cómo llegó a la Universidad Adolfo Ibáñez?

“Llegué porque vine a hacer una presentación de un concurso que se llama CFA Reserch Challenge, a los alumnos de Magíster en Finanzas de quinto año. Pero para poder ganar este concurso, necesitaban tener una buena formación en valoración de empresas.” Gabriela le propuso impartir este curso al director del magíster y él aceptó. “El 2014, cuando llegué, los estudiantes que representaron a la UAI me pidieron ser su mentora y ganaron el primer lugar. Luego al año siguiente y al año siguiente y así he sido mentora de todos los equipos que han representado a la UAI.”

Mujeres donde se toman decisiones

Gabriela no solo es una convencida que las mujeres deben estar en los espacios donde se toman decisiones, sino que, además, trabaja por ello a diario. “Hay mucho por hacer para que las mujeres tengamos cada día más espacios en el área económica y financiera, en la academia, en el mercado financiero y de capitales en sí, que nos convirtamos en referentes. También es relevante que las mujeres tengamos posiciones importantes, no es solo un tema de número sino de que tengamos acceso a muy buenos cargos. Es un tema muy desafiante, para mí no ha sido fácil y por eso estoy comprometida a abrirles puertas a mis estudiantes, a conseguirles prácticas, formarlos bien y estoy contenta porque nuestros estudiantes son muy requeridos por sus conocimientos de valoración de activos.”

Aún, dice, hay pocas mujeres que se desarrollan en el ámbito de la economía y las finanzas, y muchas menos que llegan a posiciones importantes. “Creo que también hay que hacer un mea culpa de no ser muy efectivas en términos de hacer networking. A las mujeres nos cuesta más pedir, relacionarnos, nos da más vergüenza atribuirnos el mérito de lo que hemos impulsado y eso lo veo en mi propia historia. En lo personal he empezado muchas áreas, negocios, y cursos y las personas no lo saben porque yo no lo he sabido comunicar.”

En ese sentido, es muy consciente del rol que tiene como formadora. “Yo en mis clases le digo a los estudiantes que no se formateen, que aprendan a pensar y los estimulo levantar la mano, opinar, hablar porque la universidad nos permite eso, es una oportunidad increíble de enriquecerse de la interacción alumno-profesor.”

“Yo por lo que batallo es por llegar a tener posiciones de poder, por que las mujeres estemos sentadas en la mesa donde se toman decisiones porque los equipos diversos son mucho mejores para todos. Que las mujeres se involucren desde la concepción de los proyectos y que construyamos entre todos una sociedad más meritocrática.”

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