arrow-right host location public time type

El aporte de los eclipses al conocimiento de la humanidad

11 de Diciembre 2020 Noticias

Cuando el reloj marque las 13:03 el próximo lunes 14 de diciembre, un nuevo eclipse solar podrá ser apreciado de manera total en las regiones del centro del país y de manera parcial en el resto del territorio nacional. La Luna nueva pasará por la cara del Sol y lo cubrirá completamente durante poco más de dos minutos, transformando el día en noche.

Un fenómeno que para los académicos de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la UAI, Felipe Asenjo, Pía Amigo y Rafael Brahm, significa un acontecimiento espectacular para la ciencia, ya que según explican, más allá del suceso astronómico, los eclipses han generado diversos aportes al mundo científico, marcando importantes hitos en la historia. ¿Cuáles han sido los aportes del eclipse a la ciencia? Felipe, Pía y Rafael lo explican:

Felipe Asenjo: el cálculo y la distancia entre la tierra y el sol

Felipe, físico y académico de la UAI, asegura que hoy estamos en el mejor lugar del universo para ver un eclipse: “que tengamos la oportunidad de ver un eclipse total es algo extraordinario por varias razones, aquí explico una en particular: para que pueda existir este fenómeno, el objeto que bloquea al Sol (en nuestro caso la Luna) debe tener el mismo tamaño aparente. Lo que debes saber es que no existe otro lugar en nuestro sistema solar que cumpla esta condición. Solo la Tierra tiene una Luna que tiene el mismo tamaño que el Sol. Esto ocurre porque la Luna, que es aproximadamente 400 veces más pequeña que el Sol, está 400 veces más cerca y, por lo tanto, se ven del mismo tamaño. Tú te encuentras en el mejor lugar del Universo conocido para ver un eclipse total”.

Agrega que esto no siempre ha sido así “y la razón es porque la Luna se aleja de nosotros a una velocidad de más o menos 3 centímetros al año, lo que significa que-en un futuro lejano-no tendrá el tamaño necesario para bloquear al Sol y, por lo tanto, los eclipses totales no existirán”.

Conociendo la velocidad con que la Luna se aleja, Felipe asegura que además se pueden hacer cálculos interesantes: “por ejemplo, hace 2,8 mil millones de años atrás, la Luna se encontraba 84 mil kilómetros más cerca de la Tierra. Esa Luna se veía 1,25 veces más grande que la Luna hoy y, entonces, cada vez que ocurría un eclipse, La Luna bloqueaba completamente al astro rey en una oscuridad absoluta. Hoy no es así, ya que la Luna bloquea justo el tamaño solar y, por consiguiente, somos capaces de ver la corona del Sol, lo cual produce ese maravilloso espectáculo de un disco oscuro con un halo brillante”.

Surge entonces la pregunta de ¿Cómo será en el futuro? El investigador explica que “si en el pasado remoto, la oscuridad era total, absoluta e inescapable, en un futuro, lo inverso ocurrirá. La Luna estará más lejos que hoy y nunca más podrá bloquear completamente al Sol. Podemos calcular que, dentro de 280 millones de años, la Luna tendrá el 95% del tamaño actual y se encontrará 8400 kilómetros más lejos que hoy. Esa ligera reducción implicará que todo ser vivo viviendo en ese futuro tendrá que contentarse con solo observar eclipses parciales”.

 Pía Amigo- Teoría de Einstein

¿Te imaginas cómo habrías reaccionado si fueras un humano en la antigüedad y, de repente, se oscurece todo por unos minutos? Con esa pregunta Pía, astrofísica y astrónoma, da cuenta de lo espectacular que le parece este tipo de fenómenos. Asegura que “siempre imagino el miedo que deben haber sentido esos humanos la primera vez que observaron un eclipse. Pero gracias a la curiosidad innata del ser humano, hicieron observaciones y anotaciones de estos acontecimientos, encontrando un patrón que se repetía. Así entendieron los ciclos del Sol, la Luna,  las estaciones y pudieron predecir cuándo ocurría este fenómeno que oscurecía todo”.

Hoy tenemos una certeza: la humanidad mide los ritmos del Sistema Solar desde hace más de dos mil años. Según explica Pía “la razón detrás de estos ciclos fue explicada varios siglos después por Isaac Newton, con su teoría de la Gravitación Universal. Su teoría fue exitosa para explicar fenómenos de nuestra vida diaria por varios siglos, pero en los inicios del siglo XX, Albert Einstein postuló nuevas ideas”.

¿Cuáles fueron? “encontró que el largo de un objeto y la duración de un evento dependen de cómo se mueve un observador relativo a ese evento, con velocidad constante y, cuando extendió su idea a movimientos acelerados, se dio cuenta que la Gravitación Universal no es una fuerza, sino el espacio curvado debido a la presencia de masas muy grandes”.

Pía agrega que “el Sol curva el espacio y las órbitas de los planetas alrededor de él, son nada más que el camino directo en un espacio curvo. Con esta teoría de Relatividad General, Einstein predijo que no sólo afecta a planetas, sino también a la luz, que debería desviarse siguiendo la curvatura del espacio por el que pasa: predicción que era muy difícil de probar en condiciones normales”.

¿Cómo lograrlo entonces? Con un evento extraordinario como un eclipse solar. Explica que “Eddington pensó que, si el espacio estaba curvado, la luz de estrellas lejanas, al pasar cerca del Sol, seguirían el camino curvo y, por lo tanto, la posición de éstas se movería respecto a una observación, cuando el Sol no está en el camino. Para poder verlo era necesario oscurecerlo, y es por eso que un eclipse era la oportunidad ideal. Fue entonces en el eclipse de 1919 que Eddington pudo comprobar la predicción de Einstein”.

Rafael Brahm- una oportunidad para encontrar exoplanetas

Rafael, astrofísico experto en estudio observacional de planetas extra-solares, asegura que “un eclipse total de sol es sin duda un fenómeno único que nos obliga tornar nuestra mirada hacia el firmamento y nos ayuda a re-descubrir nuestra posición en éste. Si bien tendemos siempre a asociar el término eclipse a la alineación entre la tierra, la luna y el sol, los eclipses en astronomía pueden involucrar distintos objetos celestes, tanto dentro como fuera de nuestro sistema solar”.

Es decir, el evento no sólo permite hablar de la luna y el sol, sino también “mirar dentro de nuestro sistema solar y considerar como eclipses, los instantes donde planetas interiores a la tierra, como Mercurio o Venus, se interponen entre la tierra y el sol, tapando una fracción pequeña del disco solar visto desde nuestra perspectiva terrestre”.

Rafael ahonda en la importancia que éste fenómeno ha tenido en la historia: “estos sucesos poco frecuentes fueron importantes para astrónomos de la antigüedad para medir componentes físicas y orbitales de los miembros del sistema solar. De manera más reciente, los eclipses han sido fundamentales para descubrir planetas orbitando en torno a estrellas que no son el sol”.

Agrega que “si bien esta alineación es poco probable, si logramos monitorear continuamente el brillo de un número significativo de estrellas, es de esperar que, en alguna de éstas, logremos identificar un planeta. Este es el fundamento del método de detección de exoplanetas más fructífero existente hasta la fecha y que ha permitido desde el año 2000 la detección y caracterización de más de 3000 nuevos sistemas”.

Es importante entonces que cuando observemos el eclipse del 14 de diciembre, ya sea de forma total o parcial (y con el método apropiado para no dañar tus ojos), recuerdes todo el camino que hemos recorrido como humanidad observando este fenómeno y el valor que ha tenido para la ciencia y el mundo, un fenómeno que con certeza sabemos, no se volverá a vivir nunca más, como lo vivimos hoy.

Noticias más leídas

Redes Sociales

Instagram