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¿Y si conversamos?

30 de Julio 2018 Columnas

Hace casi 30 años, en mayo de 1990, Edgardo Boeninger, en un artículo donde se refería a los marcos de acción del gobierno que recién iniciaba Patricio Aylwin, mencionaba la necesidad de entender que la concepción de la política en ese primer periodo de vuelta a la democracia sería una en la que prevalecieran el arte de la negociación y la búsqueda de grandes consensos.

Con los años, esos conceptos pasaron a estar demodé. Sin embargo, para quienes vivimos aquella época, con Augusto Pinochet a la cabeza del Ejército, dando muestras de fuerza de tanto en tanto, la conclusión es que era lo que se podía hacer para mantener la fiesta en paz y resguardar la democracia, que –a diferencia de lo que creen las nuevas generaciones- no estaba dada per se.

A tres décadas de aquello, hoy Chile es distinto. Nos hemos transformado en una sociedad desconfiada, sospechosa, recelosa. No creemos en nada ni nadie y el consenso se transformó en un concepto añejo y poco querido. Hoy vende más la lucha constante, pero no aquellas batallas épicas, sino muchas veces la pelea por lo pequeño, ojalá con grandes titulares o bastante viralización en redes sociales. El negociar se transformó en un pecado capital y cualquier cosa que huela a aquello, es denostado inmediatamente.

El acuerdo logrado esta semana por el alcalde de Valparaíso, Jorge Sharp, con EPV –de la mano del exintendente Raúl Celis- es una muestra de que los consensos permiten avanzar. En este caso, ambas autoridades llegaron a un acuerdo que podría considerarse hasta histórico, en cuanto al uso del sector Barón, donde se pretende recuperar la zona y abrir el borde costero –que lleva décadas cerrado y abandonado- para el uso de los porteños.

Se trata de un convenio que ha sido alabado por autoridades y expertos en el tema, entre ellos, el reconocido arquitecto y urbanista Iván Poduje. No obstante, el hecho de que el edil frenteamplista se reuniera con Celis causó resquemores inmediatos, entre otros, de sus aliados políticos “ciudadanos” Daniel Morales y Claudio Reyes, aduciendo que les preocupa que vaya amarrado a otro tipo de acuerdos respecto del Terminal 2, situación que fue calificada de “sospechosa” por el concejal PC Iván Vuskovic.

Y si este acuerdo estuviera ligado a otros consensos respecto de temas que están absolutamente estancados y que mantienen al puerto en un permanente estado de stand by, ¿realmente sería tan problemático? ¿No es parte de la labor de un alcalde llegar a acuerdos y avanzar en pos de la ciudadanía?

Ese mismo tipo de preguntas surgen cuando aparece el diputado socialista Fidel Espinoza, criticando a viva voz las conversaciones de su par, Marcelo Díaz, con el Frente Amplio. Fiel a su estilo –muchas veces poco respetuoso y soberbio- le envía recados al FA (a quienes tilda de “prepotentes”) y afirma que su correligionario solo intenta afirmar sus aspiraciones presidenciales. ¿No es lógico hacer una pausa y ver si es posible que esos puentes permitan recomponer un conglomerado que hoy está en el suelo y que es incapaz de mostrar siquiera atisbos de gobernabilidad en el futuro próximo? ¿No vale la pena al menos esperar y estar atentos a la posibilidad de que esto genere alternativas de salir de la crisis en que está hoy la ex Nueva Mayoría?

Un último botón de muestra está dado por un hecho en extremo repudiable como lo fue el ataque con cuchillos a mujeres que participaban pacíficamente de una marcha pro aborto en Santiago. Las diferencias en un tema valórico de esa magnitud son esperables y absolutamente deseables, en el marco de debates que son necesarios para una sociedad madura. Pero justo cuando estamos mostrando algo de sensatez en estas materias (en vez de esconderlas bajo la alfombra, como históricamente se hacía), suceden hechos brutales, vandálicos, digno de sociedades tribales, que nos avergüenzan y que caminan precisamente hacia el lado contrario de la generación de acuerdos y del avance en conjunto.

El cientista político Arend Lijphart clasificaba entre mayoritarias y de consenso. La nuestra apuntó hacia el segundo tipo durante los primeros años del regreso a la democracia y debiera seguir así, de manera de poder avanzar en conjunto hacia el Chile que se quiere conformar. Lamentablemente, la constante lucha por el titular y el tuit más golpeador ponen en riesgo la consecución de acuerdos que le hacen mucho mejor a Chile que la pelea chica y la meta cortoplacista. A la luz de lo anterior, bien cabe preguntarnos ¿no será hora de escucharnos, poner el énfasis en el país y sentarnos a conversar?

Publicado en El Mercurio de Valparaíso.

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