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Sorpresa y provocación

24 de enero 2018 Columnas

Todo estaba cuidadosamente preparado. Por primera vez en la memoria reciente, se le quiso dar un carácter republicano al anuncio. Probablemente por eso el escenario escogido fue el salón de honor del ex Congreso Nacional, en el centro de Santiago. No un hotel ni un museo, como había sido la tónica de otros mandatarios.

Sin embargo, la jornada estuvo marcada por las sorpresas. Primero, la jornada comenzó con las noticias sobre el fallecimiento de Nicanor Parra que obligó a dedicar los primeros minutos de la ceremonia a su recuerdo y a compartir las portadas y noticieros con la partida del antipoeta.

En esta ocasión, Piñera optó por la mesura más que la grandilocuencia. Ya no prometió el gabinete más eficaz de la historia, ni la entrada de técnicos en reemplazo de los ineficientes políticos, como lo hizo en su gobierno anterior. Ahora se trata de un gabinete donde prima la experiencia por sobre la innovación, donde prefiere nombres ya conocidos, que representan probablemente el selecto grupo en el que el mandatario se siente en confianza: Andrés Chadwick, Cecilia Pérez, Roberto Ampuero, Felipe Larraín, por nombrar algunos se repiten el plato.

Es también un equipo donde no hay una apuesta clara ni por las mujeres, ni por los jóvenes: menos de un tercio de las carteras serán dirigidas por ministras, habrá menos independientes que en 2010 y utilizó parlamentarios que recién terminarán su periodo el mismo día que asuman como ministros.

Hay eso sí algunas sorpresas y señales. La designación del escritor excomunista, Roberto Ampuero, en la Cancillería dejó estupefactos a muchos, pues se esperaba que llegara con experiencia en la materia, sobre todo considerando que deberá instalarse en su escritorio pocos días antes de que comiencen los alegatos ante la Corte de La Haya por la demanda boliviana.

El nuevo Segpres, Gonzalo Blumel, también llamó la atención, más aún porque se esperaba que a esa cartera arribara alguien con buenos lazos en un Congreso que se prevé álgido y poco propenso a los acuerdos. Algunos apostaban por exlegisladores, que tuvieran “recorrido” en la materia.

El nombramiento de Gerardo Varela en Educación tiene más cara de señal. Se trata de alguien que hace apenas seis meses afirmó que la educación es y debe ser tratada como un bien de consumo, por lo que su llegada al cargo de una de las carteras más polémicas parece derechamente ser una declaración de guerra al movimiento estudiantil.

Más que un gabinete de consenso, se trata de un equipo con muchos “ex”, varios “contras” y una que otra provocación del nuevo mandatario electo. El tiempo, el mismo que el Presidente electo reconoció haber desperdiciado durante la primera parte de su primer período será el encargado de juzgar si esta vez tuvo razón o no.

Publicado en El Mercurio de Valparaíso.

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