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En la recta final

12 de noviembre 2017

Ahora sí se decide todo. Esta semana las candidaturas entraron en la recta final de una campaña que vive sus últimos días, al menos en términos parlamentarios y de consejeros regionales, porque para la presidencial todo apunta a que tendremos segunda patita el 17 de diciembre.

Ha sido de todo menos un final de campaña épico y emotivo. La planicie programática y el anecdotario permanente ha continuado marcando la pauta, alejada de los grandes temas, con una clase política que vive en un permanente mundo virtual, con frases en 140 caracteres, en el que la realidad se muestra como un constante tuiteo: solo sloganes caben en esa plataforma (aunque en los últimos días haya aumentado al doble la cantidad de letras que se pueden usar).

La semana partió con el debate de Anatel, que concentró la atención de todos quienes se interesan en estos menesteres. Pero luego de casi tres horas de escuchar a los candidatos (los que lograron aguantar un hito republicano que no debiera terminar un día de semana cerca de la una de la madrugada), el resultado fue casi el mismo: poca propuesta, mucha frase hecha y una performance periodística que también quedó al debe: sin entrar al fondo de los temas ni tocar otros tan relevantes como la descentralización (considerando que la cantidad de votantes en regiones supera ampliamente a quienes lo hacen en Santiago). Las preguntas estuvieron más centradas en la cosa chica, el anecdotario, la polémica barata. ¿Qué quedó? El gráfico de Sebastián Piñera que no tenía ni pies ni cabeza, los titubeos de Beatriz Sánchez cada vez que hablaba de números y la hiperventilación habitual de Marco Enríquez-Ominami, que ha mostrado un nivel de violencia en sus palabras y gesticulación, durante toda la campaña, que opaca incluso algunas buenas ideas que ha planteado.

Esta recta final continuó con el lanzamiento del programa del abanderado de la Fuerza de la Mayoría, Alejandro Guillier, que había generado tanto ruido previo con la controversia respecto de la existencia del documento, que opacó completamente el contenido. Peor aún, las noticias no estuvieron marcadas por sus ideas, sino por su crítica a Piñera respecto de la “persecución brutal” que se vendrá de ser electo el ex mandatario.

Lo anterior detonó que el empresario utilizara sus últimos días de campaña dedicado a defenderse, por ejemplo, descartando de plano que vaya a haber despidos masivos en el sector público (aunque es una medida que ya aplicó al llegar a La Moneda en 2010 y que parece ser natural ante un cambio de color político en el gobierno). En realidad, Piñera ha pasado gran parte de la campaña justificándose más que proponiendo. E intentando continuamente  matar a sus fantasmas, tanto por su gestión anterior,  como por lo que muchos consideran su pecado original: sus orígenes como empresario.

Mientras, en la vereda de Carolina Goic, la soledad se mantiene como una nube negra constante sobre su cabeza. Porque ella sigue en campaña, tuvo quizás la mejor performance en el debate del lunes pasado y ha logrado mantener la candidatura, lo que en sí se convierte en un triunfo. Pero su partido sigue resistiéndose y a solo una semana de la elección, levantan cada tanto la idea de que ella en realidad no es más que un premio de consuelo, que sobre todo los parlamentarios que van a la reelección están dispuestos a transar fácilmente, entregando desde ya su apoyo a Guillier para una eventual segunda vuelta. Una en la que dan por hecho que su candidata no estará.

Con este panorama presidencial centrado en la anécdota, la campaña de los candidatos al Parlamento (para qué hablar de quienes quieren llegar al Consejo Regional) continúa pasando inadvertida. No ha habido grandes ideas épicas y motivadoras, pero al menos –eso sí hay que reconocerlo- en nuestra región los postulantes han participado en varios  debates y conversatorios, que han dejado ver sus diferencias y posturas respecto de la mayor parte de los problemas que aquejan a la zona: sequía, puerto, descentralización, entre otros.

Aun así, la campaña ha sido bastante invisible, si no fuera por las palomas que adornan algunas plazas y las polémicas mediáticas que engalanan las portadas y las redes sociales. Es una recta final sola, con el vaso más medio vacío que medio lleno y que terminará revelando el próximo domingo una gran incógnita, que ciertamente pasa por los triunfadores, pero más bien por la actitud que tendrá el elector, en el entendido de que vaya a votar y decida sumarse a un juego que hoy parece que motiva más al habitante de las redes sociales que al ciudadano de a pie.

Publicado en El Mercurio de Valparaíso.

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