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Gobierno y partidos

20 de septiembre 2018 Columnas Profesores

Invariablemente, los nexos de un gobierno con su coalición nunca son fáciles. Y en un sistema político tan presidencialista como el chileno, donde la tentación suprapartidaria del Mandatario es pan de cada día, las disputas por cargos y espacios de poder, los desacuerdos sobre prioridades programáticas y legislativas, tienden a hacerse presente con relativa celeridad.

La Concertación estuvo veinte años ininterrumpidos en el gobierno y su cultura de coalición sólo fue debilitándose con el paso del tiempo. Salvo en la administración Aylwin, cuando el delicado desafío de consolidar la democracia hizo casi inexistente este tipo de tensiones, en los siguientes gobiernos ellas sólo se incrementaron. Al final, fue el desgaste de ese originario sentido de responsabilidad común lo que en buena medida determinó la derrota de la centroizquierda en 2010.

Como era esperable, el primer gobierno de Sebastián Piñera hizo honor a su inexperiencia en labores ejecutivas, descubriendo muy temprano que no es lo mismo funcionar como coalición opositora, que estar a cargo del poder. Dicha inexperiencia, la incapacidad de asumirla y enmendarla a tiempo, fue a la larga uno de los factores centrales del fracaso político de esa administración.

Esta semana, el día de furia del senador Francisco Chahuán vino recordarle a La Moneda que no hay manera de evitar el fuego amigo, y que sólo se puede aspirar a un diseño que permita atenuar y encausar sus alcances. Chile Vamos no es hoy la misma coalición que gobernó con Piñera la vez anterior: tiene dos partidos nuevos, uno de los cuales –Evópoli- posee una bancada de diputados relevante y una vocación de disputa por las posiciones de centro y el control de la agenda liberal. Ello implica un desafío evidente para un sector de RN, e inevitablemente genera roces con los segmentos más conservadores de la UDI. En suma, sólo cabe esperar que esas realidades vayan acentuándose con el tiempo y el dilema es que el gobierno no puede ser árbitro de ellas, pero tampoco puede resignarse a un rol de simple espectador.

Al final del día, no quedó claro si el senador Chahuán se quejaba por problemas en el proceso de instalación del Ejecutivo, por frustradas expectativas de cargos para sus cercanos, o simplemente decidió iniciar temprano su posicionamiento para la próxima presidencial. O todas las anteriores. Pero al margen de las razones, hay un aspecto políticamente relevante: sus expresiones de malestar parecen tener eco en sectores de RN y más allá de dicha colectividad, lo que obliga al gobierno a hacerse cargo de sus causas.

La centroderecha y sus opositores comparten hoy una singular debilidad: no poseen liderazgos bien definidos para encabezar los desafíos presidenciales futuros. Dicha ausencia provoca desorden y ansiedades anticipadas de manera transversal. Resulta paradójico entonces que, en este escenario, el gobierno invite públicamente a “Ciudadanos” a integrarse a Chile Vamos. Y más extraño todavía que el Presidente Piñera decida respaldar una iniciativa del Frente Amplio para reducir la dieta parlamentaria, dejando a su coalición descolocada y sin piso político en esta materia. Son síntomas de que no hay todavía capacidad de vislumbrar lo que está empezando a agitarse.

Publicado en La Tercera.

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