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Encuentros británico-chilenos

7 de Noviembre 2019 Columnas Profesores

Hace unas semanas tuve el privilegio de ser uno de los presentadores del libro de Andrés Baeza “Contacts, Collisions and Relationships”, en la embajada de Chile en Londres. Escoltado por nuestro embajador, David Gallagher, remarqué tanto la originalidad historiográfica de la obra como su elegancia al analizar las muchas maneras en que británicos y chilenos se relacionaron en el periodo 1806-1831. Durante esos años, miles de individuos de ambos países entraron en contacto, ya fuera como comerciantes con intereses en el Pacífico, marineros que lucharon en los inicios de la marina chilena, o educadores que introdujeron el sistema educacional lancasteriano en el país.

En sus páginas se encuentran pasajes fascinantes sobre personajes que cruzaron el Atlántico desde Gran Bretaña sabiendo poco o nada de la sociedad que los recibiría. En ciertos casos, los británicos se involucraban rápidamente con los habitantes locales, algunas veces por la vía de la diferenciación, muchas otras por lo que el autor llama “encuentros” políticos, sociales y culturales. El libro se inserta, de hecho, en la denominada “historia global”; esto es, el estudio de eventos que, como las guerras napoleónicas, tuvieron repercusiones en todo el mundo occidental. Lo interesante es que dichas repercusiones fueron bastante más complejas de lo que plantea la visión “difusionista”, según la cual los “centros” supuestamente ejercen de manera unilateral sus “influencias” en las “periferias”. Baeza comprueba que británicos y chilenos se influyeron mutuamente, formando o adaptando prácticas que, a pesar de las barreras idiomáticas, se hacían un espacio en la realidad local.

No es sorprendente, por ello, que Baeza cuestione que las relaciones entre británicos y chilenos hayan obedecido a una u otra forma de “imperialismo”. Si bien en ciertas ocasiones Londres intentó utilizar los puertos chilenos para conquistar otros territorios sudamericanos, ello fue más la excepción que la regla. Incluso la noción de “imperio informal” debe tomarse con cautela, ya que tiende a asumir que las excolonias españolas estaban destinadas a caer en las garras de una nueva potencia. Chile no era una simple marioneta de los gobiernos europeos ni de Estados Unidos, como la teoría de la dependencia planteó en las décadas de 1960 y 1970. Por el contrario, Baeza muestra que las relaciones eran más dinámicas y heterogéneas y que, por eso mismo, el concepto más adecuado para estudiarlas no es el de “dependencia”, sino el de “interconexión”.

Este texto constituye un aporte significativo para el estudio de eso que generalmente se conoce como “independencia de Chile”. Lo hace apoyado de un sólido trabajo de archivo, además de un sofisticado arsenal de herramientas analíticas. Un ejemplo para cualquiera interesado en la investigación histórica seria y de largo aliento.

Publicado en La Segunda.

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