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Radiografía a la educación chilena

26 de Julio 2022 Noticias

En el año 1974, Nolfa Ibáñez formó un pequeño jardín infantil, contrató personal altamente capacitado en el área de educación preescolar y se convirtió en directora administrativa de la institución. Convencida de que todos los niños y niñas podían aprender, nunca exigió un requisito de ingreso más allá de la edad. Ese lugar fue la respuesta para varios padres y madres que no encontraban espacio de formación y cobijamiento para sus pequeños con necesidades especiales. Motivada por esos niños y por sus historias, cuando ya tenía dos hijos propios de 5 y 13 años, entró a estudiar educación diferencial a la Universidad de Chile.

Una vida extensa y fructífera dedicada a la docencia y la investigación que la llevó a obtener el Premio Nacional de Educación el 2021 pasando a la historia como la primera educadora diferencial en recibirlo y la séptima mujer en los 40 años que se ha entregado. En su opinión, esto es un reflejo de que “nuestra sociedad es profundamente discriminadora”. Denuncia que aquellos que no pertenecen a una “masa ideal inexistente” han sido sistemáticamente invisibilizados por las políticas públicas de un país al que “no le gusta mirar aquello de lo que no quiere o no puede hacerse cargo”. Añade que durante mucho tiempo los gobiernos intentaron aparentar “que éramos de una sola manera, que teníamos un solo modo de hacer las cosas y un solo camino que recorrer, lo que está profundamente equivocado”.

Esto, porque para Ibáñez no se puede entender el aprendizaje si no es vinculado a la integración: Su trabajo ha abordado el ámbito de la diversidad en la construcción de mundo, el saber pedagógico y la interculturalidad.  La pluralidad, cree la educadora, es una riqueza que Chile ha desaprovechado. “Dependiendo de cómo vivimos, construimos nuestros sentidos y significados del mundo: somos diversos. Si nosotros comprendiéramos eso, tendríamos una mirada distinta. Aquellos con necesidades diferentes han construido su mundo de acuerdo a cómo han vivido. Son diferentes a mí, pero no son mejores ni peores, solamente diferentes”, enfatiza.

A esto se suma, denuncia, un currículo escolar que no conversa con las realidades de los y las educandos: “un enfoque errado que prioriza los productos; tenemos un currículum sobredimensionado, lo he dicho muchas veces, tenemos un currículum monstruoso, desarticulado con las asignaturas, y, por lo tanto, descontextualizado del modo de vida de las y los estudiantes”.

Revisa la entrevista completa aquí. 

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