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Jorge y su fábrica de chocolates: Dueño de La Fête cuenta los secretos de su empresa

15 de Marzo 2018 Entrevistas Noticias

La fábrica de chocolatería fina más moderna de Sudamérica, y posiblemente del mundo -según su dueño- se encuentra en Quilicura. Son 7 mil metros cuadrados equipados con máquinas de última tecnología cuyos productos son manipulados mayoritariamente por manos femeninas. “El 90% de los trabajadores de La Fête son mujeres” dice con orgullo Jorge Mckay, socio fundador de la chocolatería, (son 3 socios en total) cara visible de la empresa, detallista empedernido, Ingeniero Comercial de la Universidad Adolfo Ibáñez y quien nos recibe vestido de un impoluto delantal blanco con botones gruesos, que cubren su atuendo hasta un poco más arriba de las rodillas. “El trabajo en la fábrica es muy delicado,” explica, señalando que también prefiere a las mujeres para ocuparse de los 40 locales que tiene la empresa en Chile, porque “la atención que entregan es superior a la de los hombres. Además, tienen una forma de mirar la vida más de largo plazo. Nosotros invertimos  harto en capacitación,  entonces nos gusta que la gente se nos quede.”

El año 2017 fue el año más intenso en inversión en la historia de La Fête Chocolat. “Ampliamos la fábrica y abrimos 5 locales. Este 2018 vamos a abrir 3 o 4 locales más y nos vamos a dedicar a perfeccionar lo que tenemos,” dice McKay. Cuando habla de “fortalecer lo que tenemos” se refiere, también, a su local en Atlanta, Georgia, Estados Unidos. “Abrir en Estados Unidos era un gran desafío. El mercado es muy competitivo, muy difícil pero con reglas claras. Era un sueño. Hemos avanzado, tenemos un local y ventas web en todo el país, y queremos seguir creciendo. El retail en Estados Unidos está con mucho movimiento negativo, hay más locales que cierran que locales que abren. El factor más importe en esto es la venta web pero influye también el aumento de tráfico en las ciudades. La gente no quiere demorarse una hora y media en llegar a un centro comercial, porque tiene menos tiempo. Hay más orientación a lo propio, a lo comunitario,” dice, señalando que todos estos factores serán analizados antes de dar el siguiente paso en un país que valora tanto a los emprendedores que él mismo – antes incluso de abrir el local- tuvo la posibilidad de conocer  personalmente al entonces Presidente de la nación, Barack Obama.

¿Cómo se gestó esa posibilidad? “Empecé a pedir ayuda para partir a EE.UU y la embajada de  Estados Unidos se portó excelente. Un día me llama el embajador y me invita a tomar desayuno a su casa, porque había una junta de inversionistas de todo el mundo en Washington, al lado de la Casa Blanca. Me dijo que iba a ir Obama y que íbamos a tratar de estar con él. Y así fue. Por eso digo que es un país increíble. Competitivo, caro, pero si trabajas con fuerza no te topas ni con corrupción. Te ayudan en todo lo que pueden. En cambio, aquí, cuando partimos en EE.UU, no podíamos abrir el local de Georgia porque la aduana en Chile estaba en huelga. Esa es nuestra realidad”. 

Un mechón en la Escuela de Negocios

Antes del encuentro con Barack Obama y de convertirse en uno de los empresarios chilenos más exitosos, uno que  logró multiplicar el mercado de la chocolatería fina por 3, Jorge Mckay fue un mechón de Ingeniería Comercial en la entonces Escuela de Negocios de Valparaíso. (Ingresó a estudiar el año 1979). Un alumno que llegó a Viña del Mar a vivir solo –su familia es de Santiago- y que tuvo que quemarse las pestañas estudiando porque la universidad les exigía desde el primer día.

– Jorge, ¿qué recuerdas de tus días de estudiante en la Escuela de Negocios?

Estudiábamos muchísimo. Cuando entramos el primer año tuvimos 3 pruebas el segundo día. El 70% de los alumnos éramos de fuera de Viña. Fue una época muy marcadora. Me siento muy afortunado de haber pasado por eso porque me ayudó a madurar en forma violenta, era el mayor de 9 hermanos y de repente me vi alojando solo en una pieza en Viña. En la universidad, llegaba el director de estudio y decía cuando ustedes estén agarrados, aferrándose, le vamos a pisar los dedos.Ese era nuestro ambiente y forjé grandes amistades. Muchos de los amigos que tengo hoy en día son de la época de la universidad.

El título era reconocido por la Federico Santa María en esa época y era un ambiente totalmente adverso porque para ellos nosotros éramos “los cuicos.” Cuando hacíamos deporte en vez de ser vistos como una facultad más, en la Santa María éramos vistos como enemigos. Competí en todos los campeonatos nacionales por la universidad, fui capitán del equipo de fútbol, hice de todo. La universidad era muy distinta a lo que es hoy, grande, masiva, gigantesca, donde hay muchas carreras.

Yo miro a mis amigos de generaciones de más arriba y de más abajo y era gente muy especial, muy chora, había muchas familias gringas de Viña. Estaba Carlos Cáceres de director, nuestro ídolo total. El profesor Victor Küllmer era el director de estudios. Hablo con mis ex compañeros casi todos los días y sigo siendo íntimo amigo de los que vivían conmigo.

Era una universidad muy personal, con profesores muy jugados, tuvimos profesores muy buenos. Mauricio Larraín, Juan Antonio Widow, Julio Retamal, entre ellos. Por ejemplo, nos íbamos una vez a la semana en la noche a conversar a la casa del profesor Widow en 5 norte. Hablábamos de filosofía y estábamos estudiando ingeniería comercial. Luego llegábamos a estudiar al departamento. No había ni una noche en la que no estudiáramos. Además el deporte era muy importante, competíamos con la Católica de Valparaíso en arquitectura, que era como nuestra competencia, hacíamos cosas con ellos todo el tiempo.

La Fête Chocolat

– ¿Qué de lo que aprendiste en esos años has podido aplicar en tu empresa?

Siempre digo lo mismo: Yo no heredé ni un peso de mi familia, cero, a pesar de que tenían muy buena situación económica. Pero sí heredé la educación valórica que era muy potente en mi casa. Tuve la suerte de ir a un par de colegios muy buenos y a la universidad que era fantástica, muy formativa. Una cosa son los conocimientos técnicos, pero a nosotros en la universidad nos formaron humanamente, y mucho. La importancia de los valores en el trabajo, en la ejecución, tú eso lo ves así en La Fête. Esta empresa tiene 11 años, yo me sé el nombre de todos sus trabajadores. Acá trabajamos para todos, no sólo para nosotros y eso es una mezcla de cosas, la formación que recibí en la casa, en el colegio y en la universidad. A nosotros nunca nos hablaron de hacerse millonarios o enriquecerse para nosotros, estábamos estudiando para hacer un país mejor, para el bien común, para hacer que el país creciera pero en beneficio de todos.

Jorge McKay es tataranieto, bisnieto, nieto e hijo de los fundadores de Mckay (sí, la empresa de las clásicas galletas e inventores del Super-8, vendida el año 89 a Nestlé) pero se dedicó a trabajar en otros rubros hasta que el año 2006, conversando con un amigo, decidieron abrirse paso en el mundo de la chocolatería fina. El nombre de La Fête – que significa fiesta- surge porque consideraron que la industria era aburrida y  no tenía sorpresas. Precisamente, quisieron transformarla, hacer de esa industria una fiesta, quisieron crear una marca que estuviera en permanente innovación.

– La Fête tiene ya 11 años de existencia, caracterizados por un crecimiento explosivo. ¿Cuál es el secreto?

Hay muchos factores. El primero, Dios. No me creo el cuento para nada, Él ha sido muy bueno con nosotros y hay que agradecer. Lo segundo es el timing. Más importante que tener una buena idea es hacer las cosas en el momento correcto. Se nos ocurrió esto el 2006 cuando esta industria estaba inmadura, aburrida y el país había avanzado en temas similares. Por ejemplo en restaurantes, en cines o regalos pero la industria de la chocolatería fina era una industria anticuada y estancada. Lo tercero es que hemos trabajado muchísimo. Yo tenía 6 hijos estudiando cuando me metí en esto, y metí todos mis ahorros, todo lo que tenía en esta apuesta. Tuve hasta la casa en venta, para sacar adelante el proyecto. Lo cuarto es que somos obsesivos del trabajo bien hecho. Somos muy detallistas, y como en Chile muchas veces se hace todo mal, si eres prolijo y dedicado, ya tienes un punto diferenciador muy importante. Nos fijamos en todo: la calidad de las materias primas, la atención en los locales, el diseño, el diseño del packaging, la atención a la gente, como nos comunicamos…nada queda al azar. Lo quinto es que desde el principio establecimos un set de valores corporativos con los cuales no hemos transado. ¿Cuáles son esos valores? Básicamente el trabajo bien hecho, la innovación, respeto, trabajo en equipo, el diseño -que es casi un valor aquí- una obsesión por los productos.

– Jorge ¿Cómo se logra transmitir la pasión por la empresa a tus colaboradores?

Es muy difícil, no lo logro 100%, pero parezco profeta: todo el día hablando, contando, comunicando, hablando de la importancia de la excelencia, de la cercanía a la gente. Tenemos un equipo de recursos humanos potente, con profesionales de excelencia. El año pasado me fui a México con los mejores evaluados de la fábrica y de los locales. Nos quedamos en un hotel 5 estrellas y fuimos a conocer una plantación de cacao que tenemos en la península del Yucatán junto a otros 6 socios (franceses, belgas y checos.) Ninguno había andado en avión fuera de Chile y la mitad nunca había andado en avión de ningún tipo. Eran 9 personas en total.

Hacemos muchas cosas, entregamos premios, apostamos por la motivación, tenemos evaluación de desempeño, capacitación, bonos, bonos de cumplimiento 2 o 3 veces al año según como nos vaya y la mayor cantidad de beneficios que podemos dar, como seguros de salud y transporte hasta la casa. Y eso porque nuestra preocupación es la gente. Tenemos 3 pilares: la gente, la calidad y los clientes, esas son las 3 patas del piso.

– ¿Cómo ves el panorama para los emprendedores en Chile?

Creo que ha llegado  viento fresco para toda la gente que quiere hacer algo por ellos mismos y por el país. Hay que aprovecharlo para sacar a Chile adelante. Tenemos que estar preocupados que todos crezcan, que a todos les mejore la calidad de vida. Siempre repito lo mismo, nadie puede cambiarle más la vida a la gente que los empresarios. Yo tengo 400 personas a cargo, puedo arruinarles la vida o los puedo embarcar en una vida con más esperanza. Uno forma, invierte en las personas y si bien muchas veces falla, cuando resulta es maravilloso.

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