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Esteban López: “Una gran parte de las desigualdades son territoriales”

19 de Noviembre 2019 Noticias

“Hay varias formas en que la concentración territorial contribuye a la desigualdad”, comenta el profesor de la Escuela de Negocios e investigador del Centro de Economía y Política Regional (CEPR), Esteban López, en entrevista con El Mercurio de Valparaíso enfatizando que “en la historia de cómo los países se desarrollan, casi todos tuvieron un proceso inicial de concentración territorial, que es necesario porque se necesita aprovechar las economías de aglomeración para la generación de conocimiento y desarrollo, minimizando los costos, por ejemplo, de comunicación y transmisión de conocimiento”. Agrega que estar aglomerados ayuda en un principio, pero el problema es que eso luego genera costos económicos y sociales, como la congestión, el encarecimiento de bienes y servicios, o la segregación, parte de lo que estamos viendo actualmente en la sociedad.

¿En algún momento en qué hay que cambiar?

Hay un punto en el cual el país tiene que empezar a desconcentrar y acá soy enfático en que estamos hablando más de desconcentrar que de descentralizar, que implica un proceso más profundo en lo político y administrativo. Desconcentrar es importantísimo hoy porque los costos que producen generan muchas desigualdades. Por ejemplo, hay carencias de acceso en lo que se llaman amenidades que son bienes y servicios que incrementan el bienestar de las personas. Hoy en Chile tenemos una desigualdad escandalosa en los niveles de acceso a salud entre un habitante de Santiago y otro de regiones. En la capital hay un montón de opciones, de especialistas, hay mejor y más alternativas de educación, mejores expectativas, más bienes públicos, más acceso a la cultura.

¿Cómo eso marca la diferencia?

Una persona que crece en Santiago lo hace con una visión distinta del mundo y una capacidad de producir distinta. Tener acceso a más amenidades (salud, educación, cultura) genera niveles de acumulación de capital humano más altos que repercuten en la productividad de esa persona y en definitiva en sus ingresos. Pero, además, también hay ineficiencias económicas en estos procesos que son importantes. Sucede que hay un fenómeno que hoy en Chile es muy prevalente que es la conmutación de larga distancia, es decir, personas que viven en una región, pero que trabajan en otra. Por ejemplo, distinto de cuando uno conmuta de la casa al trabajo viviendo en la misma ciudad, la conmutación de larga distancia genera pérdidas e ineficiencias mucho mayores. Eso no sólo se ve en el cansancio en las personas, sino que hay un desembolso económico muy fuerte. En Valparaíso, por ejemplo, 50 mil personas (6% de la fuerza laboral) que viven en la ciudad trabajan fuera de la región.

¿Qué costos tiene eso?

Eso genera mucha pérdida de capital humano local, es decir, si una empresa de acá quiere desarrollarse en minería, por ejemplo, tiene una competencia grande porque la gente prefiere irse a trabajar a Calama o Antofagasta porque los sueldos son distintos. Y de la misma forma la Región de Antofagasta pierde porque el trabajador no gasta su ingreso allá, sino que lo hace en Valparaíso y todo ese flujo circular de la renta se pierde. Entonces, las desigualdades regionales generan ineficiencias en los procesos económicos que se agravan con las carencias de oportunidades que se generan desde la concentración territorial. Además, hay un desaprovechamiento de recursos grande que se genera dado que después de haber pasado la etapa de economías de aglomeración en el centro, uno ya no tiene donde más crecer (baja el retorno a la inversión) y es lo que le pasa a Santiago, pero en las regiones hay un montón de lugares donde se puede crecer y hay recursos para ello.Rol de regiones.

¿Y allí las regiones podrían tener un papel importante?

Muchas de las empresas que se podrían instalar podrían tener muchas oportunidades si aprovecharan los recursos de las regiones y su capital humano. Hoy desde el centro se asume que la gente de regiones simplemente es menos inteligente. Y se ha escuchado, por ejemplo, que no se puede descentralizar por ejemplo un proceso administrativo de gobierno porque simplemente no hay masa crítica regional.

¿Hay una tendencia paternalista del centro, en este caso de Santiago?

Sí, pero esa tendencia en cierta medida asume que las regiones no tienen el cerebro para hacer las mismas cosas que se hacen en Santiago y eso, simplemente, no es así. Otra cosa es que las regiones hayan tenido menos oportunidades para poder desarrollar ese cerebro. Es así que las regiones han tenido como una fuga de cerebros hacia Santiago, todo el mundo se va a trabajar y a vivir allí, y no los culpo, si ahí está todo. Hay que comenzar a hacer esfuerzos importantes para poder desconcentrar el país y que las personas se queden en regiones a vivir con sus familias aprovechando y desarrollando los recursos locales. Si hubiese más oportunidades de trabajo y mayor igualdad territorial, mucha gente volvería a sus regiones de origen. Y así se podrían aprovechar de mejor manera los recursos que hoy en día se desaprovechan porque se piensa que todo lo que funciona en Santiago es mejor y que en regiones siempre va a ser de peor manera.

¿Hay mucha fuga de talentos porque allá también hay más oportunidades de desarrollo?

Exacto. Por ejemplo, un par de profesores en nuestro centro de investigación han escrito artículos donde muestran que más del 90% de los estudiantes con puntajes de la PSU sobre 700 puntos se van a Santiago a estudiar y con muy pocas posibilidades de retornar. En cambio, los que en Santiago sacan menos de 550 puntos se van a regiones a estudiar.

Entonces, ¿un niño que nace en las zonas extremas del país no tiene las mismas opciones que uno que lo hace en la zona central?

Claro que no. Incluso, aunque estén en una situación muy parecida con una familia con los mismos integrantes y condiciones económicas similares, no va a tener las mismas oportunidades dado que en la zona centro hay más posibilidades. Incluso hay una conexión mucho más fácil para irse al extranjero si uno quisiera por el aeropuerto. No podemos estar en un país de más de 4 mil kilómetros de largo donde tengamos un solo aeropuerto internacional y tampoco tengamos un sistema de trenes.

¿Hay una disparidad en el caso particular de la Región también pese a que estamos al lado?

Uno podría pensar que las cosas acá, en Valparaíso, no son tan malas porque tenemos a Santiago al lado, pero es como el hermano grande que nos priva de hacer cosas, porque si algo no nos gusta acá, nos vamos para allá. Ahora, nosotros tenemos que seguir desarrollándonos acá, porque si no lo hacemos la gente va a seguir yéndose.

Crear polos productivos en otras partes de la región, ¿lo ve como parte de la solución?

Creo que lo que se necesita en este momento es tener claro cuáles son las ventajas competitivas que tiene Chile y, en ese sentido, tenemos que entender que el país en el corto y mediano plazo va a seguir siendo un país extractivo de materia prima. Lo que tenemos que tratar de hacer es pensar cómo complejizamos nuestra economía agregando valor a los productos y servicios que generamos (…) Tenemos que apuntar a todo lo que conlleva la Revolución 4.0 y que las regiones sean atractivas para las personas que desarrollan estas actividades.

¿Usted ve factible generar incentivos para que las empresas se instalen en la región?

Exacto, pero lo que tenemos que hacer es considerar que hay varias formas de generar esos incentivos. Hay algunos que a veces son perversos. Si usted mira la experiencia en otros países, en Estados Unidos, por ejemplo, se ha tratado de generar incentivos restringiendo cosas, como que todos los casinos un tiempo estuvieran sólo en Las Vegas. Nosotros hemos tratado de hacer estrategias parecidas en nuestra historia económica y que no funcionaron. Uno puede mirar para el lado, pero también hay que tener en cuenta la realidad actual. Somos una economía de mercado y se ha demonizado porque genera mucha desigualdad, pero el mercado chileno ha generado desigualdad porque no es un mercado competitivo.Competencia y colusión

¿Cuán importante es la competencia?

Si los mercados son competitivos van a generar riqueza que se va a distribuir de mejor manera. Tenemos que cuidar que haya competencia y, en Chile, lamentablemente, en nuestra historia hemos generado poca competencia, es un mercado muy concentrado y eso es lo que tenemos que cambiar. Y también es concentrado espacialmente.

¿Qué importancia tiene esta desconcentración espacial?

Supongamos, por ejemplo, que se haga una gran reforma y se coloquen altas multas para la gente que se colude y eso deje de suceder en el corto plazo, podría ser, pero si seguimos concentrados espacialmente y todas las empresas están en Santiago y todos se conocen, van a los mismos colegios o a la misma universidad es mucho más probable que vuelva a pasar o pase tácitamente. Si desconcentramos espacialmente, además de poner medidas para desincentivar la colusión, vamos a generar una mejor economía porque vamos a tener una serie de balances que nos van a ayudar a prevenir este tipo de comportamientos.

¿Incentivos tributarios?

Si nos sale más caro irnos a Santiago que estar en regiones nos quedamos en regiones. Tenemos que cambiar los precios relativos y que quedarnos en Santiago sea caro y eso puede pasar por varias fórmulas. En Estados Unidos, por ejemplo, dado que tienen una estructura descentralizada y desconcentrada, los gobiernos locales tienen la capacidad de dar facilidades para atraer inversiones, como pagar menos en patentes, etc. Lo que hay que entender es que primero tenemos que hacer dos cambios grandes: entender que debemos contar con un mercado más competitivo y generar incentivos para cambiar los precios relativos de este mercado para que sea más favorable a la desconcentración.

¿Ve que la tendencia va hacia allá o estamos muy lejos de eso?

Hay atisbos que nos muestran que es necesario tener una mayor inclusión espacial territorial, pero pienso que aún estamos muy lejos porque hay mucho desconocimiento respecto a cuál es el nivel de ineficiencia que genera estar tan concentrados. Hoy uno ve que el estallido social que comenzó en Santiago a los dos días ya estaba presente en regiones y eso es porque la causa no fueron los $ 30 pesos, sino que el abandono que las personas sienten. Al menos en Santiago las personas tienen acceso a mejor salud, a mayor cantidad de espectáculos, etc., y acá no y eso hay que cambiarlo. Tenemos que visibilizar de mejor manera las desigualdades territoriales y es claro que el estallido social es como una olla a presión que estaba a fuego máximo y le seguíamos echando leña abajo y estalló. Ahora, para poder destapar la olla y bajar la presión tenemos que disminuir las desigualdades, las que se materializan y exacerban a nivel territorial. Una gran parte de las desigualdades son territoriales y eso no está visibilizado hoy en el discurso. Las diferencias existen sólo por haber nacido en un lugar que no es Santiago.

¿El proceso de descentralización va a ayudar algo a esto?

Sí, de todas maneras. Creo que es un indicio, una primera vuelta que se le da a este tema. Creo que tener mayor voz y representación en algunos problemas locales va a comenzar a ayudar. Es un largo camino que hay que recorrer, esto no va a solucionar los problemas de desigualdad regional o territorial que tenemos pero si es un comienzo, un movimiento en la dirección correcta que tenemos que valorar. Se requieren cambios estructurales y no se puede pensar que se van a hacer de la noche a la mañana, pero tenemos que empezar a movernos para llegar allá y al menos este cambio va en la dirección correcta y pienso que puede empezar a generar un proceso de bola de nieve (…) Las cosas hay que hacerlas bien y eso toma tiempo. No podemos seguir pidiendo currículum con foto o poner personas en los cargos públicos con el mismo apellido o un grado de parentesco muy cercano. Tenemos que ser más exigentes en lo que se refiere a los conflictos de intereses. Hay muchos cambios que hacer, pero me contenta estar hablando de esto y tengo la esperanza de que vamos en la dirección correcta.

*Entrevista publicada el 19 de noviembre de 2019 en El Mercurio de Valparaíso.

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