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Las repúblicas latinoamericanas

20 de junio 2018 Columnas

La destacada historiadora argentina Hilda Sabato ha publicado recientemente un libro-ensayo que condensa temáticamente la revolución de independencia y la posterior construcción de las repúblicas latinoamericanas durante el siglo XIX. Aparecido en Princeton University Press, la obra se enmarca en lo que se ha denominado últimamente como “nueva historia política”, una de cuyas principales características es su preocupación por los individuos, la opinión pública y las instancias (formales e informales) de participación política.

La tesis del libro propone que la caída del imperio español provocó una profunda revolución en la forma de comprender, negociar y disputar el poder, proceso aparentemente culminado en la década de 1820, cuando los sectores dirigentes se decidieron por la introducción de un sistema “republicano” de gobierno. Aparentemente, pues dicho consenso no terminó con las disputas intestinas ni con el faccionalismo que dividieron a la sociedad latinoamericana en grupos irreconciliables y que, en general, resolvían sus diferencias en el campo de batalla.

Las guerras civiles que azotaron al continente obedecieron, en efecto, a una crisis generalizada de desconfianza hacia las instituciones republicanas, así como a una nunca resuelta cuestión sobre cómo se cimenta y conserva la legitimidad política. No debe sorprender, en consecuencia, que la violencia haya sido consustancial a la república y que ésta, a su vez, haya dependido de la fuerza armada para consolidarse como un proyecto atractivo y de largo aliento.

Ahora bien, como queda demostrado en el libro de Sabato, la guerra y la violencia irregular no fueron las únicas formas de hacer política. Tanto o más importante que las montoneras, guerrillas y caudillos militares fueron los procesos electorales, las publicaciones periódicas y la participación ciudadana en el Congreso. Este es un punto importante pues cuestiona el muy recurrente argumento de que, en comparación con Estados Unidos y las potencias europeas, Latinoamérica se habría caracterizado por su incapacidad para construir instituciones perdurables y sólidas. Basta con recordar cuán difícil y accidentada fue la consolidación del Estado nacional en Norteamérica (guerra civil de por medio) para desechar aquel tipo de comparaciones maniqueas y simplistas.

Incluso más: si consideramos que la república se impuso más rápidamente en Latinoamérica que en muchos países de Europa, la conclusión que rápidamente debería saltar a la vista es que la separación de los poderes y la igualdad ante la ley fueron experimentos más novedosos y revolucionarios a este lado del mundo. No se trata, por supuesto, de plantear una apología de tipo latinoamericanista. Más bien, las reflexiones de Sabato son un llamado de atención para no olvidar que la política se practica de muchas maneras y que el estadocentrismo no basta para dar cuenta de las diversas opciones que entran en juego cuando se busca acceder al poder.

Publicada en La Segunda.

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