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Herencia maldita

11 de Febrero 2017 Columnas Noticias

Que la economía y Bachelet son como el agua y el aceite, ya es un dato. En su primer periodo, la tasa de crecimiento fue en promedio de 3,3%, la más baja de todos los gobiernos de la Concertación. Claro, ella tuvo como excusa la crisis subprime, la mayor del último tiempo, y todos le creímos. Quizás por ello, a muchos les pareció normal que después, en el gobierno de Piñera, ahora sin crisis, la economía retomara su fuerza y alcanzara un ritmo de crecimiento promedio de 5,3% anual. Chile volvía a ser el de antes.

Pero, en su regreso, Bachelet sorprende a todos y logra superarse a si misma. En este, su segundo gobierno, el crecimiento es de 1,9%, estableciendo un nuevo récord histórico en lo que se refiere a mal desempeño económico. Al igual que la vez pasada, hubo intentos por culpar a una supuesta crisis internacional. Esta vez, aquello no resultó, por la sencilla razón de que el mundo no está en crisis. Salvo contadas excepciones, todos están mejor que nosotros, un escenario impensado para Chile, pero bastante común para la Presidenta.

No es nada fácil lograr una cifra tan baja de crecimiento. Hay que hacer casi todo mal. Es como ese relato que hablaba del peor piloto de la Fórmula 1, uno que siempre se las arreglaba para salir último. Cuando le preguntaron acerca de aquello, sin titubear dijo: “No es fácil ser último. Siempre hay alguien que puede ser peor”. Bueno, bajo esa mirada, se podría decir que Bachelet tuvo que hacer un gran esfuerzo para detener una economía que venía corriendo rápido.

Primero tuvo que romper la confianza de casi todos lo que la habían depositado en ella. Incluso los empresarios, que no encontraban tan malo que se repitiera el plato. Segundo, tuvo que elaborar un programa con medidas que buscaran precisamente detener el crecimiento. Y, por último, para que no quedara duda alguna, hizo que las reformas quedaran mal. En suma, peor imposible.
¿El plan perfecto? Por supuesto que no. La teoría del complot es siempre mala. Además, este gobierno es tan deficiente que ni siquiera eso haría bien. Lo sucedido, como casi siempre, es una conjunción de errores, todos los cuales conformaron la tormenta perfecta. También ayudó la desidia de la Presidenta respecto de la economía, a la que considera un dato y nada más. Claro, cuando se vio en apuros, no dudó en poner un ministro de Hacienda de verdad, pero Rodrigo Valdés ha tenido poco margen de acción, en especial para detener las genialidades de La Moneda. Menos para recuperar la confianza del mundo empresarial.

Como sea, la herencia de este gobierno será maldita. No solo tenemos una tasa de crecimiento que ni siquiera permite reducir la pobreza, sino también, cuentas fiscales tan estrechas que Chile no sería capaz de resistir un estornudo de la economía mundial. Nunca habíamos estado tan vulnerables, con cero margen de acción.

Lagos dijo esta semana que, si vuelve a gobernar la derecha, sería un retroceso. Caramba presidente, ¿le parece poco lo que hemos visto hasta ahora? El verdadero riesgo parece ser que sigan gobernando los mismos. Chile no aguanta otro gobierno así.

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