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La segunda transición

21 de octubre 2017 Columnas

Es curioso como hay conceptos, eslóganes, que se meten en la discusión pública con una fuerza inesperada. En parte porque suenan bien, pero en gran medida porque tienden a ordenar o resumir una serie de ideas que andan sueltas, las que, agrupadas bajo el título adecuado, se convierten en algo poderoso.

La idea de que Chile necesita una segunda transición tiene algo de esto. Por eso no es raro que su autoría esté en disputa. Piñera la viene usando con relativa frecuencia y también Carolina Goic, quien acusa al candidato de derecha de robarle la idea a Alejandro Foxley, quien acaba de publicar un libro cuyo título es precisamente ese. La controversia solo habla de que el concepto hace sentido a diversos sectores, por lo que podría ser un eje central de los próximos años.

La idea es simple. Chile es reconocido en todas partes por su impecable transición a la democracia a comienzos de los años noventa, bajo el gobierno de Aylwin. Ahora, la segunda transición, busca crear las bases para asegurar que Chile alcance el estatus de país desarrollado, algo que no es una tarea sencilla. Son muchos países que se han quedado a las puertas de aquello, en lo que se conoce como la trampa del ingreso medio.

Teniendo aquello presente, la segunda transición, si bien es distinta a la primera, tiene elementos comunes. El primero es que posee épica. Así como recuperar la democracia movilizó a la mayoría del país, la idea de mejorar las condiciones de vida de los chilenos, es algo que motiva. Segundo, porque para que resulte se requieren grandes acuerdos, porque sin consenso la cosa no camina.

Esto último no es fácil, pero tampoco imposible. Alejandro Foxley lo sabe mejor que nadie, como protagonista principal de la primera transición. “En ese tiempo, las cosas que nos diferenciaban eran más profundas que ahora y, sin embargo, logramos ponernos de acuerdo”, dice. El resultado está a la vista. Ese período no solo fue bueno para la democracia; también fue el más exitoso en materia económica de la historia post Pinochet.

Como todo indica que Piñera será el próximo presidente, será él quien tenga la responsabilidad de llevar a cabo esta segunda transición. El candidato de la derecha presentó esta semana su programa económico que busca, en sus palabras, lograr que Chile recupere el ritmo y alcance el desarrollo el año 2025. Las ideas están, pero ahora falta algo fundamental: que sean compartidas por un grupo mayor. No todos, pero más amplio que solo la derecha. Y ahí, el candidato natural es la Democracia Cristiana. Por eso, en vez de discutir la autoría del concepto, lo que corresponde es ponerse de acuerdo en cuáles son sus ejes principales, cómo se implementa y cómo entusiasma a muchos. Si lo logra, Piñera podrá entrar en la historia como el conductor de la transición al desarrollo, como Aylwin lo fue a la democracia.

Publicado en La Tercera.

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