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El grupo duro

27 de enero 2018 Columnas

Dicen que es su delfín. Que después de Piñera, viene Moreno.

Que por eso lo pusieron en el Ministerio de Desarrollo Social en una operación que fue planeada al detalle. Bueno, eso es mirar bajo las piedras. Primero, porque asume que Piñera está preocupado ahora de quién lo sucederá, algo improbable. Segundo, porque hasta pocos días antes del anuncio del gabinete, Moreno no era el elegido para ese ministerio. O sea, que esto responda a un plan para candidatearlo es un poco fantasioso.

Yo lo veo de otra forma. Piñera quería a Moreno en su grupo duro. Porque lo conoce, porque se entienden y trabaja bien con él. Tienen un estilo parecido, hablan el mismo idioma, son amigos. Es el único que lo trata de Sebastián. Tanto así, que incluso se especuló que podía ir a Interior.

Pero lo que resultó fue mejor. Moreno entra a Desarrollo Social y lo incorporan al comité político. Una carambola doble: lo tiene cerca y de paso el presidente asegura un hombre de su plena confianza para sacar adelante un área que pretende ser un sello distintivo de su nuevo gobierno.

Con esto, el grupo duro se fortalece. Con Chadwick, Blumel, Larraín Moreno, Pérez y Larroulet, quien llega como jefe del segundo piso, Piñera logra partir su nuevo gobierno con un equipo probado, con mucho carrete y oficio. Uno que sabe trabajar con el presidente y entre ellos. Se conocen de memoria. Una diferencia significativa con su primer gabinete donde costó mucho conformar aquello.

Junto con Moreno, un punto importante de esto es la llegada de Cristián Larroulet a cargo del mítico segundo piso de La Moneda. Se trata de un aporte fundamental, un peso pesado, que ordenará mucho al equipo de asesores del presidente. Es un hombre de gran experiencia, pero que además, tiene la virtud de trabajar bien en equipo y provocar buen ambiente, algo fundamental en ese trabajo.

Algunos critican que se rodeó para esto solo de personas cercanas e incondicionales. Puros piñeristas. Bueno, es una crítica rara. Primero porque el equipo se fue formando durante al gobierno pasado. Su origen no está en la amistad, sino en la necesidad. En suma, si hoy están ahí es porque se ganaron el puesto.

Que sean piñeristas es una obviedad. Pero si con ello se quiere decir que son una suerte de “yes men”, me parece una lectura equivocada.

Son personas que saben cómo influir en el presidente, algo que no es tan sencillo y que solo se aprende con el tiempo. Ellos saben cómo le gusta trabajar a Piñera, conocen su carácter y tienen la personalidad para manejar aquello.

En suma, el grupo parece una apuesta segura. Algo de innovación, mucha experiencia. Con esto, Piñera se asegura de no cometer el mismo error de Bachelet en su segundo gobierno, quien intentó reinventar la rueda con los resultados ya conocidos: tuvo que cambiarlos a todos. Si bien en política nada es cierto, algo se aprende con la historia.

Publicado en La Tercera
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