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Académico Emilio Vicuña obtiene el Hans Jonas Award a la mejor tesis doctoral en Filosofía de The New School for Social Research

En enero de este año el filósofo Emilio Vicuña se incorporó al Departamento de Filosofía de la Facultad de Artes Liberales de la UAI donde actualmente imparte los cursos de Ética y Civilización Contemporánea. Su área de investigación se centra, principalmente, en la tradición fenomenológica, especialmente en el pensamiento del alemán Edmund Husserl (1859-1938).

Vicuña -quien ha sido becario del DAAD, Becas Chile y la Fundación Onassis-, entregó a comienzos de este año su tesis doctoral en filosofía “Horizon and finitude: Husserlian perspectives on the fragility of experience”,  tras sus estudios en The New School for Social Research, (Nueva York, Estados Unidos).

Y es con este trabajo que obtuvo el premio Hans Jonas Award a la mejor tesis doctoral en Filosofía de su promoción, que fue establecido en memoria del célebre filósofo alemán del mismo nombre que enseñó en la casa de estudios norteamericana entre 1955 hasta su retiro en 1974.

Aquí, Vicuña nos cuenta los detalles e importancia de su premiada investigación:

  • ¿Qué sentiste al recibir este reconocimiento?

Una gran satisfacción y un sentimiento de deuda para con mi familia. Este logro académico fue el resultado del esfuerzo de muchas personas. Sin el incansable apoyo de mi esposa y la compañía de mis hijos esto no habría sido posible. Este premio también les pertenece y se lo dedico a ellos.

  • ¿De qué se trata tu tesis?

El tema de mi tesis es tan viejo como la filosofía misma, a saber, la fragilidad de la experiencia humana, en sus múltiples formas. La metáfora de la fragilidad—inspirada en el título del famoso libro de la filósofa estadounidense Martha Nussbaum, The Fragility of Goodness—puede significar muchas cosas, dependiendo de la dimensión de la experiencia humana que queramos analizar. A grandes rasgos, podríamos decir que la experiencia humana es esencialmente frágil, tanto en su dimensión teórica como práctica. El ser humano vive proyectado hacia el futuro—en términos técnicos, la experiencia humana tiene una estructura horizóntica—, pero toda proyección es, al mismo tiempo, tentativa, es decir, puede ser invalidada por nuevas experiencias. Estamos expuestos al fracaso, tanto en nuestra condición de intérpretes de la realidad como de arquitectos de nuestros proyectos vitales. Inspirando en la filosofía del pensador alemán Edmund Husserl, el padre de la tradición fenomenológica, mi tesis consiste en una serie de variaciones en torno a estos dos temas.

  • ¿Qué aporte tiene tu investigación en el área de la filosofía?

Para la literatura especializada en la obra de Husserl, un trabajo dedicado específicamente a la temática de la finitud, fragilidad o falibilidad de la experiencia humana es, hasta donde sé, algo completamente novedoso. Por otro lado, las principales fuentes de mi trabajo son manuscritos inéditos y obras aún no traducidas del alemán que han sido recientemente publicadas. Visto desde este ángulo, el aporte del trabajo en términos de su originalidad es, creo yo, doble.

  • ¿Qué viene para más adelante en tu área de investigación?

Una de las partes de mi trabajo que me dejó más satisfecho, y que podría transformarse en un libro independiente, es un capítulo donde discuto la noción de riesgo desde el punto de vista de la experiencia lúdica. El juego tiene la peculiaridad de que la exposición al fracaso no es algo simplemente asumido o tolerado—como ocurre en la mayoría de nuestras iniciativas cotidianas—sino intencionadamente buscado por el agente. Cuando jugamos—piénsense en juegos tan variados como construir un castillo de arena, participar en una competencia deportiva, o contar chistes—, nosotros mismos creamos una atmósfera de tensión e incertidumbre—ej. el castillo se puede derrumbar, podemos ser derrotados por el contrincante, podemos decepcionar a la audiencia, etc.—y nos arriesgamos a fracasar dentro de ella. El jugador, a diferencia del agente ordinario, escoge y delimita los riesgos a los que se expone. Jugar, en este sentido, puede ser descrito como un curioso acto de autodisciplina y autoexposición al fracaso. Con las notables excepciones de Gadamer y Fink, son pocos los filósofos de la tradición fenomenológico-hermenéutica que se han ocupado de este tema. Mi propósito es situar a la experiencia lúdica como una cuestión que merece un sitial especial dentro de los temas de análisis de la fenomenología.

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