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El mundo después del Covid y los desafíos que vienen

31 de Mayo 2021 Noticias

Se cumplen 15 meses desde la llegada del Coronavirus a la región y con ello a Chile, provocando la peor crisis sanitaria y humanitaria del último siglo. De acuerdo a estudios de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la pobreza, la pobreza extrema y la desigualdad aumentaron en todos los países de la región. Durante el año pasado el PIB regional disminuyó en casi un 10%, más de 2.5 millones de empresas cerraron, 44 millones de personas perdieron sus empleos, lo que llevó al continente a cerrar el 2020 con más de 230 millones de personas viviendo bajo la línea de la pobreza. En suma, más de una década perdida en crecimiento y desarrollo humano.

En estos más de 450 días, la filantropía ha sido clave en la movilización de recursos para llegar de manera eficaz a los más golpeados por la crisis. De acuerdo a datos de Candid, solo durante 2020 se movilizaron más de 20 billones de dólares alrededor del mundo para hacer frente a las consecuencias del Covid-19, de los cuales 600 millones fueron destinados a América Latina.

A pesar de estos esperanzadores números, el retroceso en disminución de la pobreza y calidad de vida de las personas necesitará de soluciones efectivas, las que no pueden ser cubiertas únicamente por los gobiernos, necesitando que más organizaciones sean capaces de proveer servicios y recursos. La sociedad civil tiene tanto el conocimiento como la habilidad para proponer soluciones de largo plazo y construir redes de colaboración, pero el panorama no es positivo para éstas tampoco. Tanto el Center for Disaster Philanthropy como Candid, prevén que entre el 11 y el 38% de las organizaciones sin fines de lucro de Estados Unidos podrían desaparecer por el impacto de la crisis y aunque no existen aún datos exactos para Latinoamérica, es probable que el riesgo sea similar.

La situación es compleja y hay al menos tres desafíos urgentes que la filantropía debe enfrentar en el futuro cercano para jugar un rol importante en la recuperación económica y social post pandemia y aportar a un desarrollo más sostenible.

  • Apuntar a la raíz: si se quieren promover cambios sistémicos y de base – en vez de reaccionar para hacer frente a causas urgentes – el sector debe estar más preparado ante una eventual nueva crisis. Incorporar cambios de este tipo requiere tiempo, innovación y recursos humanos, por lo que se debe invertir en este tipo de iniciativas.
  • Apostar por la colaboración: la pandemia ha demostrado que no sólo es importante, sino también necesario, actuar más allá del sector filantrópico, aunando fuerzas con el sector público, privado, con las comunidades y organizaciones sin fines de lucro.
  • Abogar por mejores marcos legales: los países pueden legislar para agilizar o dificultar el rol de la sociedad civil y la filantropía. Un marco legal adecuado debe facilitar las donaciones, tanto de donantes individuales como de empresas y de personas de alto patrimonio, porque todos los actores de una sociedad debiesen estar invitados a contribuir a los bienes públicos.

Frente a estos desafíos, la filantropía necesita espacio para mejorar sus prácticas y construir un ecosistema que ayude a la sociedad civil a prosperar y a expandir sus redes de colaboración. Aquí es donde a asociaciones de fundaciones, investigadores, académicos y grupos de afinidad, les compete una parte importante: la construcción de una infraestructura filantrópica, es decir, de un entorno positivo que otorgue soporte al ecosistema. La consolidación de este tipo de entornos ha ido al alza a nivel global durante las últimas dos décadas y se han visto esfuerzos importantes en esta dirección en América Latina durante los últimos cinco años. Hoy, en la región hay más investigadores, asociaciones de fundaciones y más grupos de afinidad que hace diez años. En tiempos de incertidumbre, de poca cohesión social y de desconfianza en las instituciones, la filantropía y el sector nonprofit, deben trabajar para legitimarse, para lo que es fundamental una mejor infraestructura y la incorporación de prácticas de regulación y transparencia.

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