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Una región roja

25 de Abril 2021 Columnas

El 20 de diciembre de 1993, Naciones Unidas declaró el 3 de mayo como el Día Mundial de la Libertad de Prensa. En el marco de esta conmemoración, cada año la ONU en conjunto con la UNESCO entregan el Premio Mundial de la Libertad de Prensa UNESCO Guillermo Cano, ceremonia que se realiza cada vez en un país distinto. De hecho, Chile fue el anfitrión en 1994.

27 años después y justo cuando la conmemoración lleva como temática central “la información como un bien común”, el estado del derecho a informar y ser informado se encuentra en una situación cuestionable en gran parte del mundo, sobre todo a propósito de la pandemia del COVID-19. Periodistas presos, amedrentados e incluso muertos son parte de la realidad hoy.

Y Chile no es la excepción. Precisamente esta semana se conoció el estudio que anualmente realiza la ONG Reporteros sin fronteras (RSF), el que muestra una fotografía preocupante en gran parte del mundo, en el continente y también en nuestro país.

En el documento, RSF expone que América Latina fue la región donde más se desgastó la libertad de prensa en 2021, específicamente en países como Brasil y El Salvador, que evidencian un grave deterioro de la capacidad de los periodistas para poder realizar su trabajo e informar adecuadamente a la población.

Pero este fenómeno es más extendido de lo que podría pensarse. De acuerdo a la ONG, la pandemia ha servido de “acelerador de la censura” y ha justificado “graves dificultades de acceso a la información”, lo que ha determinado que en un 73 % de los países del mundo se haya puesto trabas al trabajo periodístico.

En este escenario, Chile muestra una baja de tres lugares en el ranking mundial, situándose en el puesto 54, tanto por la pandemia, como por las dificultades para reportear las manifestaciones derivadas del estallido social. Aunque parezca sacado de una película de 1985, nuestro país lejos de mejorar en este índice, destaca en el ámbito de las “agresiones” a la prensa –ítem que empeora en Latinoamérica en un 15%-, junto a naciones como Haití, México o Colombia. Pese a que nos gusta compararnos con los países OCDE, en materia de libertad de prensa las analogías son distintas: “En Haití (87º, -4) o Chile (54º, -3), cubrir las manifestaciones se ha convertido en una actividad extremadamente peligrosa”, advierte Reporteros sin fronteras.

Pero ahí falta agregar que reportear protestas no es lo único peligroso. También lo es investigar al poder. De hecho, en estas últimas semanas hemos visto episodios que llaman la atención en un país que se dice democrático y donde la libertad de emitir opinión y la de informar, sin censura previa, son prerrogativas establecidas en la propia Constitución.

Pero hemos visto salir a la luz situaciones preocupantes no solo para la libertad de prensa, sino que –por añadidura- para la salud de nuestra democracia. Periodistas víctimas de espionaje por parte del Ejército, comunicados de prensa en los que el poder Ejecutivo llama la atención por el contenido de ciertos programas de humor e incluso llamados telefónicos desde La Moneda a canales de televisión, para quejarse por la línea editorial de algunos de sus contenidos.

A eso se agregan situaciones de violencia que aquejan a los comunicadores, como el grave atentado sufrido por un equipo de TVN en la Araucanía.

Es precisamente ese tipo de episodios los que explican que Chile baje en el ranking de libertad de prensa. Pero también son hechos que determinan que gran parte de Latinoamérica se tiña de anaranjado (como Chile) o rojo en la medición de RSF, que pinta con esos colores los países en los que la libertad de prensa está gravemente amenazada.

La comunicación y la información históricamente han sido el lugar en el que se produce el debate de ideas, pero también son el espacio donde conviven el poder y el contrapoder, produciendo una batalla que define la capacidad de la ciudadanía para explicarse racionalmente las situaciones que vive día a día, y –de esa manera- poder tomar decisiones.

Precisamente por aquello es que –en plena crisis pandémica y social- los medios de comunicación cobran un rol quizás tan fundamental como lo fue en dictadura. Es ahora cuando no se debe caer en el grave error de cercenar la democracia, por la vía de presiones que atentan contra la libertad de informar y de informarse. Prerrogativa que, por cierto, está garantizada incluso en la Declaración Mundial de Derechos Humanos de la ONU. Es ahora cuando debemos evitar que Chile –al igual que gran parte de Latinoamérica- se tiña de rojo.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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