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Un patrimonio que vale oro

30 de Octubre 2019 Columnas

Este archipiélago, que pertenece administrativamente a la región de Valparaíso y se ubica en torno a los ochocientos kilómetros de la capital regional, está conformado por dos islas y un islote, los que constituyen un estratégico emplazamiento en el Pacífco desde el día en que el destacado piloto hispano, Juan Fernández, lo descubrió en 1574, mientras realizaba un viaje desde el Callao rumbo a Valparaíso por mar abierto, avistando las islas que fnalmente terminaron por perpetuar el nombre del navegante.

El descubrimiento de las islas desiertas en el siglo XVI fue de vital importancia para la navegación, porque el viaje entre el puerto peruano virreinal y Valparaíso era muy complejo, dadas las corrientes contrarias que hacían muy lenta la travesía, por lo que se ideó esta ruta alternativa de navegar hacia el sur, muy lejos de la costa, y luego poner proa rumbo a nuestra actual capital marítima de Chile, aprovechando los vientos que soplan en dirección al continente.

Las islas recibieron los curiosos nombres de “Más a Tierra” y “Más Afuera”, junto al islote de Santa Clara. Este último es el único que ha conservado el nombre original porque los otros dos fueron ofcialmente cambiados en la segunda mitad del siglo XX. Así, “Más a Tierra” se rebautizó como “Robinson Crusoe” y “Más Afuera” como “Alejandro Selkirk”.

En estos cambios, gran infuencia tuvo la fama mundial de la novela de Daniel Defoe, publicada en 1719, Vida y extraordinarias y portentosas aventuras de Robinson Crusoe de York, en donde se describen las imaginadas correrías de un náufrago inglés, quien durante años habitó una isla solitaria. Y si bien el novelista nunca indicó que dicha isla estuviera en el Pacífco y que tuviese relación con el archipiélago de Juan Fernández, todo parece indicar que tuvo como inspiración la asombrosa y real historia de Alejandro Selkirk, un marino escocés, quien siendo abandonado a su suerte por la nave británica “Cinque Ports” en octubre de 1703, logró sobrevivir por años en aquella isla “Más a Tierra”, hasta que fnalmente pudo ser rescatado en enero de 1709. Selkirk regresó a su patria y relató su increíble historia de supervivencia, siendo este el posible guion a partir del cual Defoe construyó su famosa novela.

Ahora bien, lo curioso de este vínculo entre fantasía y realidad es que ella se traspasó a la geografía real. Así, por ejemplo, la isla principal del archipiélago lleva el nombre del personaje imaginado, “Robinson Crusoe”, y la otra isla, “Más Afuera”, recibió el nombre de personaje real, “Alejandro Selkirk”, quien curiosamente nunca estuvo allí.

En cuanto al archipiélago y sus tesoros, efectivamente se cuentan muchas historias, pero una buena parte con gran carga de fcción. En realidad, la isla “Más a Tierra” fue frecuentada por corsarios y marinos enemigos de España, pero no fue un lugar dominado por piratas ni menos un lugar estratégico para enterrar riquezas.

El principal tesoro de Juan Fernández es su condición de patrimonio de la biósfera, declaratoria universal de 1977 de la cual tenemos que tomar más conciencia. Así, en vez de hacer excavaciones buscando tesoros, las islas debiesen recibir por parte del Estado una gran inversión para la conservación de la rica fora y fauna endémica que sobrevive frente al peligroso avance de la erosión y la depredación.

Publicada en Revista Tell.

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