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Tiempo fuera

4 de Abril 2021 Columnas

Cuatro papeletas. Cerca de 3 mil candidatos a constituyentes, 86 a gobernadores y mil 371 que apuestan por una alcaldía. Esos son solo algunos de los números a los que se enfrentarían los chilenos este 10 y 11 de abril, pero que entrarán en “modo pausa” por a la decisión del Presidente Sebastián Piñera de enviar al Congreso la reforma para aplazar los comicios, que deberían –si todo sigue como hasta ahora- realizarse el 15 y 16 de mayo.

La decisión –que todavía era debatida en el Senado al momento de escribir esta columna- era de sumo necesaria y así lo habían advertido los expertos, producto del alza brutal en el número de contagiados por Covid-19, con más de siete mil casos diarios en varias jornadas ya. Pero además tenía que ver con cómo –en este escenario- el Estado cumple con su deber de asegurar que el proceso eleccionario se lleve a cabo de manera segura, certificando que la pandemia no sea un obstáculo para la participación y que tampoco el ejercicio democrático se transforme en un nuevo foco de contagios.

Aun así, las dificultades del proceso han sido ampliamente debatidas. Por un lado, se trata de un aplazamiento que nuevamente –como lo fue el año pasado- pone en pausa la democracia, la que ya está golpeada por el descrédito de la clase política frente a la ciudadanía. Pero, además, es una situación que tiene consecuencias prácticas como la extensión del mandato de los alcaldes en ejercicio, burlando de alguna manera la voluntad popular. Por añadidura, el cambio en el calendario pone en aprietos el resto de las fechas para un año en extremo infartante, en el que todavía se viene la segunda vuelta de los candidatos a gobernador regional, la primaria y luego las elecciones presidenciales, junto a senadores, diputados y consejeros regionales, para terminar con la segunda vuelta de los postulantes a La Moneda en noviembre.

Todo lo anterior, si la pandemia nos da algo de tregua, al menos para mantener nuestra democracia viva.

Hay además otros problemas en el horizonte, como la situación de los “alcaldes-presidenciables” Evelyn Matthei y Daniel Jadue, y el debate sobre si –ante el stand by de la campaña- todos los ediles pueden volver a ejercer sus cargos o no.

Por otro lado, los propios abanderados de distintos partidos y a los diversos cargos, también ven con recelo la modificación de las fechas. Están cansados de una campaña que ha sido desgastante en medio de la pandemia, pero además los recursos para solventar la extensión de las actividades tampoco son ilimitados y no está claro cómo procederán los aportes del Estado en una campaña en situación de pausa.

Pero como cada situación compleja, este “tiempo fuera” puede transformarse también en una “oportunidad”, pues una de las dificultades de esta campaña ha sido la posibilidad de llevar información a una ciudadanía confundida ante tanto candidato, miles de propuestas y diversidad de cargos a elegir.

La comunicación es un elemento en el que gran parte de las candidaturas se ha centrado, haciendo un esfuerzo por la presencialidad en la medida que la pandemia lo ha permitido, pero también utilizando las redes sociales de manera de dar a conocer sus ideas. Sin embargo, pese a los intentos, la gente no necesariamente tiene claridad respecto de quién es quién, ni por qué debiera votar por uno en detrimento de otro. Ni siquiera, hay conocimientos claros sobre las atribuciones de cada cargo.

La comunicación tampoco ha sido transparente ni sincera. Hasta ahora prácticamente todos los candidatos –a cualquiera de los cargos en disputa- parecen ser “huérfanos” de partido político. Al parecer, el disgusto de la ciudadanía con las tiendas hizo que la “creatividad” de los abanderados apuntara a evitar, a como dé lugar, que cualquier sigla o logo aparezca en el horizonte.

Por otro lado, las propuestas a ratos parecen muy similares entre unos y otros –sobre todo al interior de las coaliciones- y eso puede hacer que la decisión apunte al azar, más que a la racionalidad del votante. ¿Cómo diferenciarse y poner en valor cada candidatura? Es un elemento en el que todavía se está al debe y que en estos días puede ser revisado.

En ese sentido, este “tiempo fuera” –todo apunta a que será definitivamente aprobado en el Congreso- puede convertirse en una oportunidad si los candidatos lo aprovechan (aun cuando no puedan hacer campaña durante algunos días). Dependerá de ellos y ellas si lo convierten en un momento en que la democracia quede en stand by o, por el contrario, lo “exprimen” de manera creativa, dándole valor e informando a una ciudadanía no muy fácil de convencer.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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