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The English Game

5 de Abril 2020 Columnas

En tiempos de cuarentena, hay distintas opciones para aprovechar el tiempo y una de ellas es explorar las alternativas que nos da Netflix. Entre las distintas series, una que podría destacar es The English Game, también traducida como “Un juego de caballeros” en su versión hispana.

La serie recrea los conflictos que se fueron generando una vez que se empezó a popularizar el fútbol en Gran Bretaña. La tensión está puesta entre los “dueños de la pelota”, la élite inglesa que lo comenzó a cultivar, reglamentar y practicar en los colegios privados y los obreros que empezaron a imitarlos, hasta llegar a disputar las primeras copas frente a ellos.

Uno de los aspectos que me parece más interesante de la propuesta es que nos conduce a un tema que comienza a cuestionarse ya desde los primeros Juegos Olímpicos en la antigua Grecia y que tiene relación con la profesionalización del deporte.

El historiador Norman Gardiner decía sobre estos juegos que la gran popularidad del deporte terminó siendo su ruina: “El exceso provoca Némesis; la Némesis del exceso en el deporte es la especialización, la especialización engendra el profesionalismo, y el profesionalismo es la muerte del verdadero deporte…cuando el dinero entra en el deporte, con él entra la corrupción”.

Esto mismo es aplicable al fútbol. Aunque en la serie muestran el intento de una élite por impedir la llegada de los obreros como un simple clasismo, la verdad es que la preocupación estaba enfocada en lo que dice Gardiner, el daño que podía provocar el profesionalismo, el ingreso del dinero en el fútbol y la pérdida de los valores que lo habían inspirado.

El mismo hecho de que a un jugador le pagaran por jugar, le permitía dedicarse al cien por ciento a su entrenamiento, sacando una ventaja injusta respecto de quienes lo practicaban como hobbie.

En el caso chileno, se dio el mismo problema. Fueron muchos los que se resistieron al profesionalismo y aunque éste se formalizó en 1933 con el inicio del torneo profesional, ya se daba mucho antes, de la misma forma que muestra la serie, contratando jugadores para la fábrica o el emporio de un dirigente cuando, en realidad, solo estaban ahí para jugar fútbol.

A esto se sumaba que, quienes lo practicaban, eran parte de una elite a quienes se les había enseñado este deporte en los establecimientos educacionales, tal como se dio en el Colegio Mackay en el caso de Valparaíso. Mientras, el resto, los obreros, lo había aprendido por imitación, desconociendo muchas de sus reglas explícitas, como no tocar el balón con la mano, o implícitas, como el respeto por el rival. En esta misma línea, el fútbol, además, y el deporte, en general, se asociaba al concepto de “Sportman” quien debía representar una serie de valores como el respeto, la solidaridad y el compañerismo.

Retomando la serie, al final del primer capítulo, por citar un ejemplo, el perdedor no le quiere dar la mano al ganador. Eso puede ser comprensible en la actualidad, pero en la época iba contra las reglas y el sentido del juego. Aquí en Chile, por citar un caso, se dio una polémica porque el rival se negó a hacer los tres “Hurras” que debía hacer el perdedor, frente al vencedor. Asímismo, se recriminaba a los jugadores locales por atacar al rival y no la pelota. También se fustigaba a la policía por permitir los insultos del público a los rivales.

No obstante, no hay que olvidar que, en el caso chileno, la elite no lo practicó. Aunque sí promovió la práctica deportiva de los obreros porque con ello se pretendía alejarlo de ciertos vicios como el alcohol, disciplinarlos y, según el concepto de la época, mejorar la raza.

Finalmente, la pandemia y la crisis del deporte y del fútbol, en particular, nos puede conducir a una situación crítica en la que muchos jugadores tendrán que verse enfrentados al dilema de reducir sus salarios o dejar sus equipos. Vamos a ver entonces hasta dónde llega ese amateurismo de los orígenes y amor por la camiseta que inspiró a los primeros football players que muestra The English Game.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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