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¿Tecnofobia o precaución?

3 de Agosto 2019 Columnas

Hace 40 años, Arnold Toynbee relacionó el auge y caída de las civilizaciones con su capacidad para explotar técnicas pioneras. Diez años después, el Premio Nobel Robert Solow vinculó el avance tecnológico con 85% del crecimiento del PNB de EEUU. La tecnología impulsa la riqueza, pero a menudo enfrenta a temores y demandas de precaución – fundadas e infundadas. Hoy, atestiguamos un acto de tecnofobia absurdo.

Para 2050, la tierra cultivable por persona será solo 30% de lo que era en 1950. Así, cultivar a niveles suficientes exige una mejora sostenible de los rendimientos. En 1962, Rachel Carson mostró el camino: en Silent Spring, una ferviente crítica al DDT, sugirió instalar “controles bióticos” en las plantas para que resistan las plagas y nuevos pesticidas menos tóxicos y más biodegradables. Su libro se convirtió en referencia del movimiento verde, y motivó el trabajo sobre organismos modificados genéticamente, tanto como la oposición a ellos. Igual de irónico, fue Monsanto el que aceptó el desafío, invirtió más de $15 mil millones para convertirse en un líder en biotecnología y, a partir de 1995, entregó semillas genéticamente modificadas y resistentes a Round-up, su marca de glifosato. Desde entonces, la “segunda revolución verde” se convirtió en un éxito y, en 2018, en la consolidación del sector, Bayer adquirió Monsanto por un récord de $62 mil millones. En 2019, sin embargo, el valor total de Bayer se ha reducido a $58 mil millones, ya que el mercado ha evaluado los costos de litigar más de 13000 reclamaciones de cáncer – casos francamente discutibles.

En 2018, un jurado de California encontró que el glifosato causó el cáncer de un jardinero y ordenó a Monsanto a pagar $289 millones. Bayer objetó y pidió que las decisiones se basaran en evidencia científica en lugar de emociones populares. Hoy, la Agencia de Protección Ambiental de EEUU, la Agencia Europea de Sustancias Químicas, la Reunión Conjunta ONU-OMS y 20 autoridades nacionales siguen insistiendo que es poco probable que el glifosato cause cáncer en humanos. Pese a esto, el tribunal se refiere a un informe de una parte de la OMS que, basándose en menos data, pero como medida de precaución, considera al glifosato probablemente carcinogénico. Si la cautela debe compensar por la falta de evidencia, hay que preguntarse, ¿qué constituye precaución?

“Precaución” podría significar ‘utilizar según las instrucciones’: glifosato es de “baja toxicidad” y puede matar si se ingiere adrede; pero se supone que se rocía sobre las malas hierbas. “Precaución” también podría denotar ‘asumir la responsabilidad por una alternativa menos arriesgada’: así, aumentando el rendimiento agrícola para alimentar una población creciente, contribuye a la precaución. “Precaución” podría significar ‘evitar un riesgo a toda costa.’ Pero, un riesgo 0 pide la abolición de cualquier incertidumbre, lo que es ilusorio y, en extremo, transforma la precaución en una tautología requiriendo que alguien no haga nada, aunque hay necesidad de actuar. El avance tecnológico puede exige saltar las normas estrictas de precaución.

Bayer, actuando con precaución, tiene que decidir cuántos recursos la empresa debe gastar para proteger sus inversiones y probar la inocuidad de sus productos contra cualquier intuición especulativa. Hace falta un diálogo público sobre los beneficios del avance tecnológico, la precaución y cómo deliberar riesgos aceptables.

Publicado en Diario Financiero.

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