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Tabaco y corazón

31 de mayo 2018 Columnas

El tema del Día Mundial Sin Tabaco de este año hace referencia al efecto profundamente nocivo que tiene el consumo de tabaco, primario o secundario, sobre el sistema cardiovascular. El consumo de tabaco aumenta fuertemente el riesgo de infartos, accidentes cerebrovasculares y daños al sistema vascular, entre otras condiciones. Incluso si estas enfermedades no terminan en la muerte del fumador, frecuentemente implican discapacidades permanentes y/o sufrimientos físicos.

En Chile mueren cada año alrededor de 25 mil personas por estas enfermedades (datos para 2016): casi 4000 de estas muertes se producen por consumo de tabaco (mayoritariamente de hombres entre 50 y 69 años). Estas muertes, además de producir dolor y sufrimiento familiar, implican la pérdida anual de 95 mil años de vida. Esto es, cada una de esas muertes impide que esas personas vivan todos los años que vivirían si no sufrieran esa desaparición prematura. Si, de manera rápida y conservadora, se valorizan esos años de vida perdidos a un PIB per cápita, se obtiene que cada año el país pierde unos 1318 millones de dólares. O sea que lo que se recauda por impuestos al tabaco (unos 1600 millones de dólares), apenas alcanza para cubrir el costo por muerte prematura de enfermedades cardiovasculares producidas por el tabaco. Esta cifra no considera los costos de atención médica de todas las enfermedades asociadas al tabaco (incluida las cardiovasculares), más sus costos por muertes prematuras.

Tanto el infarto agudo de miocardio como el accidente cerebrovascular isquémico se encuentran en el AUGE, lo que resulta razonable dado la alta carga de enfermedad que representan para el país. Lo que no resulta razonable es que, como sociedad estemos realizando un esfuerzo para tratar estas enfermedades y no hagamos lo suficiente para disminuir los factores de riesgo que las producen. Si bien el consumo de tabaco ha venido disminuyendo en Chile no lo hace a la velocidad necesaria. En estos momentos, se encuentra para discusión en la Cámara de Diputados cambios legislativos que pondrían a Chile cercano de la vanguardia de los países con políticas adecuadas. Tal legislación que, entre otras cosas, prohíbe el uso de aditivos (que hacen más atractiva la experiencia de fumar, especialmente a mujeres jóvenes) y reduce el uso de publicidad asociada a la marca en la cajetilla de cigarrillos, debiera ser aprobada rápidamente. Adicionalmente, debiera comenzar a pensarse en aumentar impuestos al tabaco hasta que cubran, al menos, los costos médicos que su uso tiene asociado. No pueden demorarse cambios necesarios para prevenir que los jóvenes comiencen con esta adicción y para ahorrar gastos en salud que, de manera cada vez más pesada, soportamos entre todos.

Publicado en La Segunda.

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