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Súbita normalidad

18 de Abril 2020 Columnas

Los países que en esta pandemia han concentrado la atención mundial -China, Italia, España, Inglaterra, EE.UU.- comparten un rasgo geográfico: pertenecen al hemisferio norte, lo que implica que han debido enfrentar al Coronavirus teniendo como escenario el inicio de la primavera y al verano como perspectiva cercana. Chile, en cambio, va en el sentido opuesto: empezó la crisis sanitaria rozando el otoño y tiene ahora al invierno en el horizonte. Así, en muchas de nuestras ciudades, el frío, la humedad y el deterioro de la calidad del aire, serán en las próximas semanas y meses parte del hábitat de este enemigo invisible.

Hasta ahora, no hay antecedentes para concluir que el calor del verano sea un factor que pueda atenuar los efectos del Covid-19; tampoco nada que permita descartarlo. La humanidad se enfrenta a una criatura desconocida, ante la cual no hay aún evidencia categórica respecto a si la variable estacional es o no incidente y en qué grado. No se sabe pero, al menos en nuestro caso, existen situaciones que sí se conocen: todos los inviernos tenemos cuadros de congestión y saturación en el sistema de salud producto del aumento en la incidencia de otros virus, entre los que se encuentran el sincicial y el de la influenza. No es por tanto difícil anticipar que la periódica “crisis de invierno” se acoplará este año con los efectos del Coronavirus, un ser cuyo comportamiento en situación invernal y en connivencia con la proliferación de otros patógenos es desconocido.

En efecto, no sabemos si el Covid-19 tendrá durante nuestro otoño e invierno una prevalencia distinta a la que ha tenido en el hemisferio norte en las estaciones opuestas, y es con el fantasma de esa interrogante que el gobierno anuncia ahora el retorno paulatino a la normalidad; una normalidad “distinta” dadas las restricciones pero que ya supone al menos la reapertura gradual de los centros comerciales y la vuelta de los funcionarios públicos a sus oficinas. Antes, el Ministerio de Educación había anunciado también la posibilidad de retomar las clases presenciales el 27 de abril, algo que ya no se ve fácil concretar.

Los resultados exhibidos hasta hoy muestran que el gobierno está manejando la crisis sanitaria de manera adecuada: fue capaz de anticiparse a los hechos y tomar medidas preventivas; ha logrado que la curva de contagios y sobre todo la letalidad de los mismos no se disparen como ocurrió en varios países del mundo desarrollado. Es evidente también que las medidas y restricciones impuestas por la autoridad han tenido un costo económico y social enorme, que el reinicio de las actividades es un imperativo urgente y que el equilibrio entre dicha necesidad y los objetivos sanitarios es, en circunstancias como las actuales, casi un imposible.

En resumen, no sabemos si la decisión de empezar la etapa de normalización se ajusta al ciclo de la epidemia y a su posible convergencia con los males propios del invierno. De lo que no hay duda es que en dicha apuesta el gobierno se juega prácticamente todo.

Publicada en La Tercera.

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