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Salvoconducto para mayores de 75

9 de Agosto 2020 Columnas

En las páginas de El Mercurio de Valparaíso y El Mercurio de Santiago, hemos visto, desde que comenzaron las restricciones de movimiento producto de la pandemia, una larga lista de cartas de los adultos mayores contra la determinación, a su juicio arbitraria, de limitar el movimiento de las personas que tengan sobre 75 años.

Lo primero que habría que decir es que las edades son relativas y que los años que tiene cada uno son producto de un cálculo que surge de una convención, en este caso, el calendario gregoriano que nos rige.

Señalo que las edades son relativas porque tengo muchos amigos que, con sus cuatro décadas, se comportan como si tuvieran el doble y, abuelitos que, teniendo más de 75, parecieran que tuvieran menos de 30 años.

Los límites entre lo que se considera “joven”, “viejo”, “maduro”, “tercera edad” han variado a lo largo de los años. El año 1838, por ejemplo, Manuel Bulnes, general del Ejército Restaurador, describe a Bernardo O´Higgins, luego de su encuentro con él en Lima, como un “viejecito”, cuando el Libertador tenía sesenta años. Asimismo, recuerdo que una de las primeras columnas que escribí en este diario lo hice sobre un “viejito perdido” que tenía la misma edad del prócer.

La realidad ha variado radicalmente y eso explica, entre otras cosas, la crisis del sistema de pensiones. La alimentación ha mejorado, la salud también y la ciencia ha permitido que hoy las personas puedan vivir mucho más y mejor que las antiguas generaciones. De ahí que cuando las autoridades fijan el límite en 75, muchos de ellos, en vez de acostarse resignados a tomar “la choca” mientras ven a la doctora Polo, se rebelen contra lo que consideran es una injusticia, por no decir, una soberana estupidez.

En Valparaíso, tenemos ejemplos notables de adultos mayores para quienes los años no han sido excusa para limitar sus movimientos. El mejor ejemplo falleció hace poco, Bruno Bernal, quien aplanó las calles del puerto pese a tener más de 80 años. Junto al Forest Gump porteño, debemos destacar a Eliana Busch quien, hasta antes del coronavirus, seguía sumando medallas y rompiendo marcas en Chile y el mundo.

Aprovechando el tiempo, deberíamos establecer las restricciones de movimientos a un test de vitalidad que pueda entregarnos una medida más real que la simple suma de años. Veamos:

  1. ¿Realiza ejercicio un mínimo de tres días a la semana?
  2. ¿Whatsappea y manda memes?
  3. ¿Se conecta por zoom un mínimo de tres veces a la semana?
  4. ¿Está leyendo esta columna en algún dispositivo digital?
  5. ¿Tiene twitter o instagram?
  6. ¿Sabe qué es Tik Tok?
  7. ¿Ha ocupado alguna aplicación de delivery durante la cuarentena?
  8. ¿Le han dicho “mi niña” o “mi niño” en la feria o comercio informal?
  9. ¿Conoce a las Kardashian?
  10. ¿Le llegó alguna vez una whastapp con un alarido o un “afroamericano” bien dotado o el baile de sus parientes en un funeral?

Si usted ha respondido que sí a, por lo menos, 8 de estas 10 preguntas, queda autorizado por este columnista a salir cuando quiera en las mismas condiciones que lo haría un millennial, centennial, generación X, Z, etc. Usted ha logrado adaptarse a los nuevos tiempos y sabrá cómo lidiar, de forma responsable, con las nuevas circunstancias. Aunque las arrugas y las canas digan lo contrario. Usted es un “lolo”, un “chicha fresca”, un “chiquillo de moledera” que no merece estar encerrado con el resto de los tatas.

Si usted respondió que sí entre 5 y 7 preguntas, está autorizado a salir, pero con restricciones: está en la cornisa, entre un “tata bacán” y un abuelito convencional.

Finalmente, si usted respondió que sí a 4 o menos de estas preguntas, le recomiendo hacer caso a las autoridades y matar el tiempo llamando a los amigos que le quedan por el teléfono fijo, escribiendo cartas o jugando solitario. Necesitamos que se cuide mientras dure la pandemia. Y no se sienta mal, la verdad es que, en la suma y resta de todo lo que pregunté, no se ha perdido gran cosa.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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