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Rusia escala la guerra

26 de Septiembre 2022 Columnas

El anuncio de unos plebiscitos en cuatro de las regiones ocupadas de Ucrania para ratificar una unión de éstas a Rusia, es un nuevo golpe a la esperanza de poner término a la guerra. En efecto, tras las victorias militares ucranianas, además de no haber logrado sus objetivos estratégicos, existía la ilusión de que el Kremlin volviera a la racionalidad. Esto significaba reconocer la futilidad de la guerra de agresión iniciada por Putin e intentar encontrar de forma negociada una salida honorable del conflicto.

 Sin embargo, el dueño del Kremlin parece haber decidido otro camino: la escalada. La razón por la cual se organizan estos plebiscitos —que carecen de toda legitimidad y que se realizarán sin un patrón electoral transparente y sin los estándares mínimos para evitar fraudes masivos— es simple. No cabe duda del resultado de estas consultas dolosas. Rusia terminará proclamando la anexión de estas regiones pese a no contralar ninguna en su totalidad. Así, podrá decir que el territorio ruso se encuentra ocupado y, entonces, podrá declarar la guerra y movilizar a un mayor número de la población, alcanzando entonces una movilización general. Entonces podrá recomponer sus tropas diezmadas tras seis meses de combates catastróficos.

Pero, por sobre todo, podrá revivir el fantasma del uso de armas de destrucción masiva, en especial de bombas nucleares tácticas, para liberar o defender el supuesto territorio atacado. A través de la escalada militar, del uso del arma económica de los hidrocarburos en el primer mundo y del hambre generada por el bloqueo de la exportación de granos y fertilizantes al tercer mundo, la dirigencia rusa espera conseguir los objetivos que militarmente no ha podido.

Frente a esto es vital que, por una parte, los países del primer mundo estén dispuestos a aceptar los sacrificios que conlleva el apoyo a Ucrania, repartiendo el coste de forma equitativa y logrando internacionalmente reducir la amenaza de la hambruna mundial. Pero, por sobre todo, es necesario volver, ojalá solo temporalmente, a la lógica de la Destrucción Mutua Asegurada, haciendo notar a Rusia que el uso de armas nucleares recibirá una respuesta nuclear masiva por parte de Occidente. Esto, además de apoyar militarmente a Ucrania con los pertrechos, en particular con los tanques occidentales de última generación, los misiles de largo alcance y los sistemas antiaéreos y antidrones que se requieren para que este país logre continuar con sus victorias militares.

Junto a esto, los países occidentales deben seguir insistiendo en que el fin de la guerra solo puede lograrse a través de negociaciones, y que estas deben partir con el reconocimiento por parte de Rusia de la integridad territorial ucraniana. Del mismo modo, se debe generar el compromiso de iniciar las discusiones para que los países nucleares cumplan por fin las obligaciones a las que suscribieron hace décadas al firmar el Tratado de No-Proliferación, es decir, la abolición del armamento nuclear.

Publicada en La Segunda.

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