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Revalorizando el 12 de octubre

9 de Octubre 2022 Columnas

El 12 de octubre se conmemoran los 530 años de la llegada de Cristóbal Colón a estas tierras. Aunque en un comienzo se hablaba del “Descubrimiento de América”, la mirada eurocéntrica fue reemplazada por el “Día de la Raza” para terminar siendo un “Encuentro de dos Mundos”. Conforme han ido pasando los años, el sentimiento de culpa que pareciera existir sobre este hecho ha ido en aumento, cambiando los nombres, reubicando la fecha del feriado, en fin, intentando, en la medida, de lo posible, que pase prácticamente desapercibido. Por esta razón, no me extraña que muchos ni siquiera sepan por qué mañana es feriado.

Me parece, en cambio, que deberíamos ir en contra de esta tendencia y revalorizar este acontecimiento por lo que significó en su momento. Si quisiéramos dimensionar lo que hizo Colón por estos días, tendríamos que imaginar que, en el viaje de alguna de las sondas espaciales que surcan por la galaxia, una de ellas por casualidad diera con una civilización similar a la nuestra, aunque con distintos idiomas, costumbres, infinitas riquezas y, desde un punto de vista histórico, un menor grado de desarrollo.

Para nosotros sería un “descubrimiento”, lo que nos permite comprender, desde ya, la unilateralidad del concepto. De igual forma, el país dueño de la sonda tendría que buscar la forma de conectar, administrar y aprovechar este hallazgo en beneficio propio con la amenaza de quienes intenten arrebatárselo.

En este punto, resulta interesante ponernos en los zapatos de los españoles que, a fines del siglo XV, se vieron tentados a buscar nuevos horizontes. Cuántos de nosotros estaríamos dispuestos a dejar el mundo conocido, en un viaje lleno de riesgos, para llegar a una tierra ignota, tan repleta de riquezas como de peligros, que iban desde la mortífera rana dorada de Colombia hasta los habitantes locales que veían, con justa razón, a los extraños visitantes como una amenaza.

Imagine lo que cuesta salir de la zona de confort aun cuando tenemos toda la información e imágenes a mano para asumir o no los riesgos de un viaje hacia un lugar que pudiese ser un mejor destino. En 1492, por el contrario, solo había vacíos, dudas y retazos, crónicas escritas y relatos de viajeros que se iban distorsionando a medida que se alejaban del continente americano.

Para poder comprender el proceso de conquista en su complejidad, debemos además considerar dos factores de orden espiritual que permiten entender que lo que movilizó a estos hombres cinco siglos atrás iba mucho más allá del oro. Me refiero al rol que jugaba la religión y el monarca.

Comencemos por esto último. El rey tenía una dimensión política, pero también espiritual. (Ya lo vimos en los funerales de la reina Isabel II). Si los españoles estaban a miles de kilómetros de su tierra, por qué no independizarse, ser su propio monarca, cortando vínculos con la Corona. Hubo casos en los que esto sucedió, pero fueron los menos. Los españoles no cortaron el cordón umbilical porque la mayoría vino a América pensando en volver. El villano de algún pueblito que soñaba con bautizar alguna tierra con el nombre de su pueblo (Valparaíso, por dar un ejemplo) y regresar a sus tierras, pero ahora convertido en un “don” gracias al reconocimiento del rey por las peripecias en el nuevo continente.

Por otro lado, está el factor religioso. Los españoles que vinieron a América eran católicos. Creían en la existencia de una vida eterna donde serían recompensados o castigados por sus actos. El cielo y el infierno estaban a la vuelta de la esquina. Todo lo que hacían era visto por los ojos del Señor. Esto no los convertía en buenas personas, como ha quedado evidenciado, pero sí actuaban con la conciencia de que, si no cambiaban o, bien, se arrepentían, serían juzgados.

Asumiendo que la conquista es un hecho de carácter histórico inevitable y que la América pre colombina, sus distintos pueblos y civilizaciones estaban lejos de ser un paraíso terrenal, me parece que, a diferencia de lo ocurrido con África, la conquista se llevó a cabo con la convicción honesta de querer mejorar la vida de las personas desde el punto de vista espiritual, a través de la religión; cultural, por medio de la educación; y material, gracias a la tecnología. Se cometieron excesos, por supuesto que los hubo, no obstante, esto no justifica derribar las estatuas y pasar por alto este día, omitiendo la relevancia que tuvo esta gesta en la historia de la humanidad.

  Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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