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¿Podrá salvarnos Valdés?

2 de Abril 2016 Noticias

Rector

La Tercera

Es claro que la única esperanza que tiene este país de recuperar el rumbo es Rodrigo Valdés. El ministro de Hacienda está dando una batalla gigante por moderar la agenda de reformas y por colocar la economía como prioridad. En esto es una suerte de llanero solitario, pese a que lo niega. Pensar que hay una manga de locos gobernando, es un salto muy grande, dijo esta semana en un seminario, frase que quedó dando vueltas en el ambiente

Claro, nadie ha dicho algo tan extremo. Pero salir a hacer reformas a granel, muchas veces mal diseñadas e implementadas, es bastante parecido a la locura. Olvidarse de que la economía no es un dato y se afecta por aquello, es al menos raro o poco sano. Y como Valdés es el único que parece entender aquello, entonces uno no puede dejar de pensar que el resto tiene al menos la brújula perdida. Sumando y restando, parece claro que tenemos un buen ministro de Hacienda en un mal gobierno. La pregunta es si eso será suficiente para salvar la situación.

Partamos por lo básico. Que la cosa está mal, ya nadie lo discute. Esta semana, el Banco Central emitió el pronóstico más sombrío sobre la economía desde la pasada recesión. Ahora se proyecta un crecimiento para el año de 1 a 2%, esto es, incluso más malo que el 2015. Con esto, Michelle Bachelet se encamina a tener el peor desempeño económico desde que volvió la democracia, superando su propio récord, el de su primer mandato.

La crisis es mala, pero la mejor arma de Valdés. De ahí viene su fortaleza. Convencer por las buenas a la Presidenta de que hay que cambiar el rumbo, era una misión imposible. La cosa se tuvo que deteriorar hasta tal punto, que hacía imposible hacerle el quite. En eso vamos ahora, tratando que el barco no se vaya a pique. No estamos todavía en recesión; creciendo muy poco, en forma decepcionante, aclara Valdés. Bueno, eso es un tecnicismo correcto, pero en la práctica, crecer al 1%, es estar ad portas de una recesión. Y si no hay un cambio de verdad, es ahí donde llegaremos más temprano que tarde.

Por eso la tarea de Valdés es titánica. Es una señal positiva que el ministro Eyzaguirre diga que la obra gruesa está terminada. Que no hay más reformas. Pero no es suficiente. Hay muchos cabos sueltos, como la laboral, que todavía no está lista y que amenaza con ser otro enjambre parecido a la tributaria. Y está la gratuidad, que hoy opera con un parche -la famosa glosa-, pero todavía no tiene ni siquiera los cimientos puestos.

Junto con aquello, el ministro de Hacienda tendrá que preparar un segundo ajuste al gasto fiscal. De seguro ya lo tiene listo. No será nada fácil aplicarlo y lo sabe. Vendrán las críticas, el desorden en las filas, las acusaciones de traición al programa. Pero es algo inevitable.

En todo esto, Valdés necesitará aliados. No es una tarea que podrá acometer solo. Ha sido hábil, pero ahora tendrá que redoblar sus esfuerzos. Usar todas sus habilidades técnicas, pero también políticas, para cambiar los ejes de este gobierno. Si lo logra, será el héroe de la jornada. No para esta administración, que lo seguirá de mala gana, pero sí para el país.

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