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Lo que el viento se llevó

20 de Junio 2020 Columnas

La cadena de televisión HBO acaba de retirar de su programación un clásico del cine norteamericano, “Lo que el viento se llevó” (1939), por considerarlo racista. ¿Es razonable y adecuada esta censura? ¿Tiene sentido aplicarla en los tiempos que corren? Giovanni Boccaccio, autor del Decamerón, texto nutrido en sabrosas y más que picaras historias, previó, allá por el año 1350, una posible censura social y eclesiástica. Y por eso añade al final de su obra unas conclusiones en las que afirma: “si algo  de lo que se me reprende hay en alguna narración, la clase de estas lo ha requerido, ya que, si con ojos razonables las examina la persona entendida, muy claramente se conocerá que yo no podía contarlas de otra manera, a no ser que me apartase del asunto.”

Aquí lo esencial es eso de “yo no podía contarlas de otra manera”. Intentando seguir la lógica interna de la trama de la película en cuestión, habría que preguntarse si varias escenas no podían dejar de contarse de determinada manera.  Por ejemplo: ¿era necesario que la niñita de Scarlett O´Hara y Rhett Butler muriera en un accidente a caballo? ¿era necesario que  Scarlett O´Hara rodara escaleras abajo y perdiera a su bebé? Y ahora en relación a lo que motiva, en parte, a  la censura: ¿era necesario que la nana negra que cuida a la malcriada, rica y voluntariosa hija de un terrateniente sureño fuera gorda, risueña y fiel hasta el final? ¿O es solo un estereotipo que denigra a la raza negra? ¿Tiene esta caracterización una razón de ser para el “asunto” de la película? Sobre este punto deberíamos discutir e incluso disentir. Podemos ir más lejos y pensar si en determinadas circunstancias, una representación es odiosa e indeseada, a pesar de que se justifique internamente. Pero ante todo, es esperable aplicar una distancia crítica en relación a las producciones culturales de distintas épocas. Es recomendable abrir un debate, considerar los contextos, argumentar, pensar la estructura interna de la obra, discutir… en fin.  Que el público adulto decida si quiere ver la película o no, si es buena  o mala. Pero impedir el acceso a un clásico me huele a Fahrenheit 451, a listas negras de la inquisición, a espíritu limitado y retrógrada… peligroso, dicho en síntesis. Además, todos sabemos lo que pasa con las prohibiciones.

Fijo que este fin de semana, además en cuarentena, más de alguno desempolva los dos cd de “Lo que el viento se llevó” y, junto a una cajita de kleenex y bombones, se la ve completita de nuevo. La película, para ser honestos, igual es difícil de ver entera. Pero me quedo con la escena en que una acongojada Scarlett O´Hara, que por fin ha entendido que prefiere al hombrón de Rhett Butler antes que al insípido y bueno de Ashley, le pregunta al marido que la deja qué va a ser de ella. La respuesta, después de litros de lágrimas corridas es notable: “francamente, querida, me importa un bledo”.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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