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Ley de teletrabajo en tiempos inciertos

20 de Marzo 2020 Columnas

Antes del conavirus me resistía a enseñar con tecnologías de educación a distancia. Hoy no hay alternativa. La pandemia y la incertidumbre de estos tiempos, nos impulsa a cambiar nuestros hábitos y la forma tradicional en que abordamos nuestras tareas cotidianas. La reciente aprobación de la “Ley de Teletrabajo” puede ser una oportunidad de generar un cambio estructural en el uso de tecnologías digitales en el trabajo con el consiguiente impacto en flexibilidad laboral, productividad y crecimiento de largo plazo.

La mayor flexibilidad daría un impulso en Chile a la participación de la mujer en la fuerza de trabajo , la cual es una de las más bajas de la OCDE con 49%. La sostenibilidad de las ciudades también se vería impactada con la disminución de la congestión vehicular y de la contaminación; aumentaría el tiempo disponible para la vida familiar y el esparcimiento.

No obstante, el teletrabajo también plantea desafíos. La reducción de la interacción social afecta la creatividad, la creación de capital social, el trabajo en equipo y, por ende, la innovación. En este sentido, el creador de Apple, Steve Jobs, señalaba “la creatividad viene de reuniones espontáneas y discusiones no programadas”. Es por ello, que los esquemas más exitosos combinan teletrabajo con trabajo presencial. Además, se modifican los esquemas de control y supervisión, orientándolo al cumplimiento de metas.

Los países líderes mundiales en teletrabajo -Dinamarca, Holanda y Estados Unidos-, tienen más del 30% de la fuerza laboral en alguna de sus modalidades. Mientras, en Chile apenas llegamos al 3%. La nueva ley presenta una oportunidad de resolver algunos vacíos de la legislación vigente y abordar la oposición de la dirigencia sindical, que argumenta que generaría una precarización del empleo. Abordar ámbitos que no están normados, aumenta la confianza en el sistema y reduce conflictos potenciales y, por ende, la percepción de precariedad del empleo, mitigando las aprehensiones del mundo sindical.

Lo aprobado por el Senado establece protecciones similares al del empleo presencial, requiriendo contratos formales de trabajo, clarificando aspectos no regulados en la ley vigente, tales como accidentes del trabajo y la responsabilidad del empleador de proveer las herramientas tecnológicas y la supervisión necesaria; incluso permite un periodo de prueba con opciones de volver a la modalidad tradicional. Esta oportunidad de desarrollar el teletrabajo debe estar acompañada de políticas públicas e inversión privada en tecnología y capital humano, especialmente en el ámbito de la PYME, que presenta déficit de adopción de tecnologías digitales.

No obstante, el principal obstáculo es de carácter cultural: estructuras organizacionales muy jerárquicas, con estilo de control y supervisión basada en la desconfianza. Chile tiene el más bajo nivel de capital social y confianza interpersonal de la OCDE, lo cual constituye un obstáculo importante. Es por ello, que la experimentación forzosa del teletrabajo, impuesta por el coronavirus, podría ayudar a derribar prejuicios y barreras culturales propias de nuestra idiosincrasia latina y así avanzar más rápidamente, impactando la productividad de nuestra economía, avanzando hacia un desarrollo sostenible con mejor calidad de vida en las ciudades, sustentabilidad ambiental  y bienestar de las familias.

Publicado en Diario Financiero

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