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La educación a propósito de Maturana

9 de Mayo 2021 Columnas

La muerte del biólogo Humberto Maturana ha conmovido al mundo intelectual. Muchos expusieron su tristeza a través de las redes sociales, aunque creo que el número de lectores de su obra es inversamente proporcional a la de todos aquellos que “postearon” su pesar. Yo me reconozco entre aquellos que aún no leemos a Maturana. Sabía quién era y cuáles fueron sus aportes, en especial, porque en él se reconocía esa capacidad que tienen los genios de ver la realidad de una forma distinta a como nadie antes la había visto.

Una de las cosas que sorprende al revisar su biografía, en el Chile del siglo XXI, son sus orígenes humildes y que su educación haya sido el resultado del sistema público. De hecho, Maturana egresó del Liceo Manuel de Salas.

Uno podría decir que es la excepción que confirma la regla. Sin embargo, hay otros casos, de mediados del siglo XX, que también fueron el resultado de la educación pública.

En el ámbito de la física, aparece el Premio Nacional de Ciencias, José Maza. El profesor Maza, como es popularmente conocido, también estudió en el sistema público, específicamente, en el Internado Nacional Barros Arana.

En el ámbito regional, también tenemos algunos productos de este sistema. Por ejemplo, el ex rector de la Universidad Federico Santa María y de la Universidad Andrés Bello, José Rodríguez Pérez. Al igual que Maza, Premio Nacional de Ciencias Exactas, estudió en el sistema público, en Osorno, antes de trasladarse a la escuela técnica que tenía la UFSM en Viña del Mar. Hoy día, en google scholar, su trabajos aparecen citados nada menos que en 63.966 papers.

En el área de la Humanidades, tenemos el caso del profesor -y amigo- Eduardo Cavieres. Premio Nacional de Historia, en su libro Oktubre, recuerda con cariño y orgullo la escuela primaria y su pasó por el liceo en Valparaíso: “Mi deuda es con mis profesores. Recuerdo sus nombres, sus caras, sus actitudes y responsabilidades, conmigo y con mis compañeros. Fueron mucho más que un profesor. En la escuela básica como en Liceo. No se trataba solo de pasar materia. lo importante era formar personas. Me retaron, me exigieron, fueron enérgicos y fueron amigos”.

Se trata solo de algunos ejemplos de hombres notables. Intelectuales de alto vuelo cuyos orígenes humildes, en vez de ser un factor de resentimiento, fueron templando su carácter y enriqueciendo sus conocimientos con una cuota de sencillez que transforma la erudición en sabiduría. Ellos fueron acogidos y formados por el sistema de educación pública y lanzados, en igualdad de condiciones, al mundo universitario.

Nada de eso pareciera observarse hoy día. Desde el gobierno militar, la educación pública entró en una espiral de decadencia que se ha ido acentuando con el paso del tiempo. Lo que no hicieron los militares, tampoco fue reparado por la Concertación, ni menos por Sebastián Piñera. La pandemia ha terminado por aniquilar la educación a límites insospechados. Por eso no es extraño que el día del fallecimiento de Maturana, la principal noticia haya sido, en cambio, la detención de un cantante apodado Pablo Chill-e.

¿Qué posibilidades existen de que en las aulas de las escuelas y liceos se esté formando un nuevo Maturana, Maza, Rodríguez o Cavieres? Muy pocas y si salen, serían más producto de algún esfuerzo familiar o personal que el resultado de una política pública.

Finalmente, uno de los conceptos fundamentales que elaboró Maturana fue la “autopoiesis” que podría explicarse como la capacidad que tienen los seres vivos para autofabricarse. Todo el tiempo reparándose, manteniéndose y modificándose. Lamentablemente, no funciona igual con la educación. Si queremos cambiar al país, más que una nueva Constitución, necesitamos recursos para que contar con los buenos profesores sea lo común, para dignificar la actividad y, volviendo a Maturana, para aumentar la cantidad de maestros que, como los del biólogo, físico, matemático e historiador que hemos mencionado, sean capaces de despertar esa pasión en los estudiantes “que los llevó a ser mejores”.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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