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La derecha polarizada

19 de Junio 2019 Columnas

¿Cuándo y por qué se polarizó la sociedad chilena? Es una pregunta que me vengo haciendo hace tiempo y que, como tantas otras cosas, no tiene una respuesta única ni menos obvia. Así como las causas de un evento histórico suelen ser múltiples, en la política contingente las propuestas explicativas y los niveles de análisis son muy diversos.

Algunos dirán que la polarización actual se retrotrae al año 2011, cuando el Frente Amplio hizo su ingreso a escena. Otros reconocerán su origen en el segundo gobierno de Bachelet, el cual se caracterizó, como sabemos, por extremar un discurso maximalista cuyos tintes constructivistas tenían un claro sello izquierdista que su primer mandato no mostró. Un tercer grupo argumentará que las posturas extremas son el resultado de lo que ha ocurrido en la izquierda, sí, pero también y con fuerza en la derecha. De las muchas posibilidades, me parece que esta última ha sido menos estudiada y, por lo tanto, vale la pena detenerse en ella.

Si bien algunos sectores de centroderecha han hecho una apuesta interesante por eregirse como herederos de la Concertación (independientes, la casi totalidad de Evópoli, algunos sectores de RN y otros tantos del gobierno de Piñera), en el discurso público se aprecia una clara derechización. Pareciera que el fantasma de la dictadura hubiera desaparecido y que los sectores más radicalmente de derecha se sacaron la máscara de la moderación para volver a lo que ellos mismos llaman sus principios rectores: orden, Dios, patria, familia (tradicional), subsidiariedad y cuerpos intermedios. Principios que, como sabemos, están anclados en el pensamiento de Jaime Guzmán y que quedaron plasmados en la versión original de la Constitución de 1980.

Esa derecha, que hoy representa José Antonio Kast (y, hasta cierto punto, Joaquín Lavín), carga con menos culpa que sus antecesores pero contiene, creo, los mismos problemas. Por de pronto, es muy difícil, acaso imposible, arrogarse la representación total de la derecha. Tal como existen muchas izquierdas, existen también muchas derechas. Por otro lado, la historia política reciente enseña que para llegar a La Moneda se necesita más que la defensa de un ideario libre de contaminación. El entonces candidato Piñera así lo comprendió: su alta votación se explica porque entendió que la política requiere de consensos y de un constante proceso de negociación.

Vivimos en un mundo polarizado, sin duda. Me pregunto, no obstante, si el sistema electoral que tenemos (con segunda vuelta incluida) premiará realmente las posturas más extremas en las próximas elecciones presidenciales. Aunque peque de ingenuo, me niego a pensar que nuestro país esté obligado a debatirse entre polos opuestos. El tan apabullado centro político está llamado a ungirse nuevamente como el gran articulador de la política nacional.

Publicada en La Segunda.

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