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John H. Elliott: “Haciendo historia”

14 de Agosto 2019 Columnas

John H. Elliott es uno de los historiadores ingleses más prolíficos de los últimos cincuenta años. Retirado en Oxford luego de una exitosa carrera en Cambridge, King’s College Londres y Princeton, de vez en cuando todavía se deja ver en uno que otro seminario. Sus intereses, como es bien sabido, se han concentrado sobre todo en la España del siglo XVII, aunque en las últimas décadas han abarcado también la historia comparada de los imperios español y británico. Su “Imperios del mundo atlántico” es una lectura obligatoria para cualquiera interesado en el origen, auge y caída de la presencia europea en las Américas.

De lo que yo no estaba al tanto, pues no había leído sus memorias, es del interés de Elliott por cuestiones relativas a las distintas formas de escribir historia, así como de cuán importantes han sido para él los distintos debates historiográficos que profesionalizaron la disciplina a lo largo del siglo XX. Elliott pertenece a esa sofisticada lista de intelectuales ingleses que consideran a la narrativa la mejor y más acertada herramienta para dar a conocer el pasado, consciente de que esta es un género literario que debe ser pensada y escrita de forma llana y directa. Que ello sea así no quiere decir, sin embargo, que Elliott excluya del todo a la teoría y el método, como bien queda de manifiesto en su libro “Haciendo historia”.

Allí, el autor se detiene en una serie de materias como la historia cultural y sus deudas con la historia del arte; la historia comparada y su relación, a veces contradictoria, con la denominada historia atlántica; y los vínculos entre historia local e historia global. De esta obra se desprende, en efecto, que la disciplina está compuesta de distintas áreas y aristas interpretativas, las cuales, por muy diferentes que ellas sean, componen un todo homogéneo y dinámico. Elliott nos plantea que él no solo es un historiador de los imperios, sino que también uno que entiende lo político a partir de una marcada preocupación por el devenir económico y cultural de las distintas capas de la sociedad.

En Chile ha calado hondo la idea de que los historiadores están, o deberían estar, inmersos en una escuela historiográfica determinada. Los historiadores “políticos” no se hablan mayormente con los historiadores “sociales” o “económicos”, como si la historia estuviera organizada por compartimentos estancos que no se tocan. La obra de Elliott resume justamente lo contrario: de sus páginas queda claro que la historia puede y debe ser un campo de conocimiento en el que se cruzan las más variadas facetas de la vida humana. Un buen ejemplo a considerar en momentos en que la sobreespecialización parece arrasar con la actividad universitaria.

Publicada en La Segunda.

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