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Inmigración y proyecciones económicas

17 de Junio 2019 Columnas

La gran ola migratoria de los últimos años no solo ha penetrado el debate político. También el económico. Así, por ejemplo, el tema ha cobrado importancia en los informes de política monetaria del Banco Central, incluyendo su última entrega de junio. El rigor e independencia de su análisis constituye un valioso activo para abordar en forma objetiva los alcances de un tema que parece haber llegado para quedarse.

El flujo migratorio ha sido rápido y masivo. En los últimos 4 años la inmigración neta fue de 760.000 personas. Con ello la proporción de inmigrantes sobre la población total subió de 2,8% a 6,7%, la tasa más alta de nuestra historia. La población inmigrante representa hoy cerca del 10% de la fuerza laboral y su incremento en el último cuatrienio equivale a que la participación laboral femenina hubiera crecido 10 puntos. ¿Qué impacto económico supone todo lo anterior?

En su escenario base, el Banco Central considera que el stock de inmigrantes afectará positivamente al crecimiento tendencial 2019-2028, incluyendo un aumento del PIB de 0,2% asociado al aumento del factor trabajo y una participación laboral significativamente mayor que la de los chilenos. A su vez, proyecta un impacto positivo de la inmigración en la inversión –de la mano de la baja en la relación capital/trabajo y el consiguiente aumento del retorno del capital- aportando 0,1% al crecimiento del PIB.

El instituto emisor también estima un efecto positivo de la inmigración en la productividad, en parte por su mayor capital humano. En efecto, si el promedio de escolaridad de la población adulta inmigrante es de 12,9 años, el de Chile es de 11 años. La brecha es significativamente mayor en el caso de los venezolanos (15,9 años), grupo que da cuenta del 43% de la inmigración del último bienio. Por supuesto, la captura de esa mayor productividad potencial plantea desafíos para el mercado laboral en pos de un buen calce entre estas habilidades y los puestos de trabajo.

La visión del Central está en línea con algunos de los efectos económicos benéficos de la inmigración identificados por la literatura. Por ejemplo, su contribución al crecimiento económico, la productividad y al aumento del ingreso per cápita (OCDE 2018, Boubtane et al. 2016). También, su aporte a la innovación y al emprendimiento (Hunt 2011), a diversificar las habilidades productivas en el mercado laboral (Peri 2016) y a allegar mano de obra joven en países que envejecen (FMI 2018). En definitiva, como señalan Bravo y Urzúa (2018), la inmigración se erige como una herramienta para potenciar el desarrollo de Chile.

Al incorporar el efecto de la inmigración en sus análisis, el Banco Central no solo contribuye a mejores estimaciones macro y decisiones de política económica. Indirectamente, también aporta valiosa evidencia para la discusión pública sobre un tema expuesto al prejuicio y al riesgo de populismo. Ese que, en base al “sentido común”, alerta sobre supuestos efectos económicos adversos y destrucción de empleos locales. Mirada miope y binaria que ve juegos de suma cero allí donde hay creación de riqueza. Mirada que es la base de la era de creciente proteccionismo migratorio y también comercial.

Publicada en La Tercera.

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