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Enfermo terminal

28 de noviembre 2017 Columnas

Todas las personas tienen una imagen de sí mismas. Varias cosas cambian. Quienes no actualizan la imagen que tienen de sí mismo corren el riesgo de hacer el loco.

Es lo que le pasa la Democracia Cristiana.

Nació irreverente con sus padres, escindiéndose del viejo Partido Conservador. Contó con liderazgos de vanguardia, decididos a llevar los ideales de la doctrina social de la Iglesia a la política. Fue una gallarda tercera vía entre el marxismo ateo y el capitalismo salvaje. Llevó la mística de la militancia al paroxismo en la marcha de Patria Joven que condujo Frei Montalva. En su adultez, guió la delicada transición a la democracia. La DC puede decir que durante una década fue el partido más importante de la coalición política más exitosa de la historia de Chile.

El cambio de siglo le hizo mal. Zaldívar fue destrozado por Lagos en 1999, Alvear ni siquiera llegó a la cita con Bachelet en 2005, Frei Ruiz Tagle fue el candidato del 29% en 2009 y a Orrego le ganó hasta Velasco sin partido en 2013. El eje de poder pasó a manos del progresismo. La modernización capitalista y el discurso de las libertades individuales -éxitos de la propia Concertación que algún día lideraron- aceleraron la obsolescencia de su narrativa comunitarista y socialcristiana. La DC perdió influencia en círculos intelectuales y entre los estudiantes se transformó en una rareza. Sus príncipes nunca se hicieron reyes. Pero cada vez que se miraba al espejo, el Partido Demócrata Cristiano seguía viendo al musculoso joven que alguna vez fue.

La reciente paliza que acaban de recibir en la presidencial y parlamentaria fue un baño de realidad. En eso hay que agradecer la aventura de Carolina Goic. Aunque el propósito era revivir la identidad del falangismo sirvió finalmente para que supiéramos el real estado de salud de la DC. Su agonía será lenta. Aunque dejen de ser gravitantes, los partidos pueden sobrevivir largo tiempo conectados al respirador artificial. Es cosa de mirar al Partido Radical.

En ese contexto hay que entender las peleas que hoy cruzan a la DC. Peleas de viejo achacoso que no soporta contemplar su progresiva intrascendencia. A estas alturas da lo mismo quien lidere el partido. La conducción cayó ahora en manos de una desconocida dirigente. Su principal misión es contribuir a que gane Guillier para que los militantes que trabajan en el gobierno no pierdan la pega. Así se aseguran que el respirador artificial siga funcionando por un rato más.

Publicado en Las Últimas Noticias.

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