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Encerrarse o morir

13 de Junio 2021 Columnas

“Creemos que las cuarentenas no están generando los efectos buscados, es decir, contener o disminuir el número de contagios (…) y, al mismo tiempo, ha sido una medida que ha impedido que miles de emprendedores puedan salir adelante”, afirmó la directiva de la UDI en una declaración pública esta semana, luego de que el Ejecutivo decidiera enviar a toda la Región Metropolitana a cuarentena, dadas las negativas cifras de contagios por Covid-19 –que hasta el viernes alcanzaban más de siete mil casos diarios- y el colapso de las UCI tanto en la capital como en el resto del país.

Con esas palabras, además, el gremialismo dio muestras –una vez más- de la molestia con el Presidente Sebastián Piñera, en este caso, porque a su juicio se debería comenzar a ser más laxo con las medidas restrictivas, de manera de permitir el reimpulso de la economía. De hecho, el mismo timonel de la UDI, Javier Macaya, puso más presión y –en una especie de chantaje hacia el Presidente- advirtió que “estamos seriamente considerando rechazar la extensión del estado de excepción, porque nos parece que los chilenos no pueden seguir encerrados”, en referencia a la iniciativa que el Mandatario deberá enviar antes del 30 de junio al Congreso para poder ampliar el estado de catástrofe por otro periodo más.

La molestia de la UDI tiene algo de lógica. Efectivamente, las cuarentenas tuvieron mayores efectos durante la primera ola de la crisis sanitaria –el 2020- y ya hace un tiempo variados expertos han cuestionado su efectividad actual. Los mismos especialistas han advertido que las razones para que las medidas restrictivas no estén funcionando tienen que ver con la denominada fatiga pandémica, la falta de educación sanitaria, la alta movilidad de los ciudadanos y la cantidad de personas en situación vulnerable, así como con la crisis económica y las dificultades para que las empresas, de todos los tamaños, pero sobre todo las más pequeñas, puedan sobrevivir.

Y todo lo anterior tiene mucho de sentido común. La gente efectivamente está cansada y no está dispuesta a cumplir las cuarentenas de buenas a primeras. A eso se agrega la falta de fiscalización, lo que permite que los chilenos se sigan moviendo pese a las restricciones, no solo por razones laborales muchas veces, sino también para hacer encuentros sociales, fiestas clandestinas, etc.

Además, la falla en la comunicación de riesgo colabora también en esta especie de tierra de nadie. Pasó con las autorizaciones para salir de vacaciones en el verano y ahora con el permiso de movilidad, para quienes están vacunados. Ambas medidas fueron lanzadas con bombos y platillos en circunstancias en que la pandemia aún no estaba controlada y dieron una señal de normalidad peligrosa, que hizo que los ciudadanos dejaran de extremar los cuidados y, por consiguiente, aumentaran los contagios. Todo en pos de la economía.

Así, nuestra región no ha estado ajena a esta dicotomía entre libertad y crisis sanitaria. Mientras comunas como San Antonio se mantienen en fase 1, otras como Valparaíso y Viña del Mar ven con terror –casi con la música de Psicosis de fondo- cada vez que la subsecretaria Paula Daza comienza con el relato de los cambios en el plan “Paso a paso”, cada lunes y jueves, a sabiendas que en cualquier minuto el semáforo puede marcar rojo. Los números son peligrosos: hasta este viernes, había más de cinco mil casos activos en la zona.

Aun cuando aquello no parece tener sintonía con el comportamiento de muchos ciudadanos, sí tiene cierta lógica con lo que se muestra en las encuestas. De hecho, la Cadem de esta semana visibiliza que los chilenos siguen preocupados por contagiarse el virus y el Colegio Médico, además, cual llanero solitario –alejado ya de la mesa Covid – sigue insistiendo en que estamos en un momento complejo. Su secretario nacional, José Miguel Bernucci advirtió en estos días que el aumento de camas críticas ya es insostenible.

Entonces, no se entiende el chantaje de la UDI al Presidente Piñera. Primero porque se trata de una postura que se esperaría de la oposición, no del oficialismo. Pero, además, porque no hay una situación propositiva por detrás (insistir en el uso de mascarillas y el distanciamiento social, como lo planteó Macaya parece un chiste). Si las cuarentenas y toques de queda no son ya la respuesta a esta especie de maldición que nos cayó encima hace más de un año, ¿cuál sería la solución? A menos que el gremialismo tenga una carta bajo la manga que aún no da a conocer, en la práctica, la dicotomía sigue siendo encerrarse o morir.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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