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En la UCI

6 de Junio 2021 Columnas

“Hace cuestionarse la lealtad con el gobierno”, dijo el senador RN, Francisco Chahuán, un día después de que el Presidente Sebastián Piñera decidiera incluir en su cuenta pública –de manera sorpresiva, según lo han planteado urbi et orbi en la derecha- el anuncio de ponerle urgencia al proyecto de ley sobre matrimonio igualitario, que dormía en el Congreso desde que la expresidenta Michelle Bachelet decidiera presentarlo poco antes de dejar el gobierno.

Lo cierto es que se trata de una iniciativa del todo lógica y necesaria, pero para la cual no hay una postura única ni en la centroderecha ni en la centroizquierda, cruzadas por apreciaciones valóricas que poco tienen que ver con el Chile actual. De hecho, en la encuesta Cadem del 27 de abril pasado, el 74% de los consultados se mostró favorable al matrimonio igualitario, cifra 14 puntos más alta que la primera vez que dicha empresa encuestadora consultó al respecto, en febrero del 2014. Yendo un paso más allá, en la misma medición, un 63% planteó concordar con la adopción homoparental.

Así, desde el punto de vista ciudadano, el análisis legislativo de este proyecto y la urgencia para su tramitación parece de toda lógica. Pero desde el prisma político no sucede lo mismo, sobre todo respecto de la coalición que supuestamente respalda al Mandatario. De hecho, Chahuán no fue el único en ponerle la lápida a la decisión presidencial. En la UDI, las críticas no se dejaron esperar e incluso uno de sus abanderados, Joaquín Lavín, leyó entre líneas y advirtió que se trataría de un respaldo solapado de Piñera a la candidatura del independiente Sebastián Sichel. La extimonel del gremialismo, Jacqueline Van Rysselberghe, fue más allá y pidió que “ojalá” el gobierno de Piñera “termine luego”. Sin anestesia.

En el fondo, no queda claro qué esperaba lograr el Presidente con este anuncio, considerando que era previsible que en su sector caería como una bomba atómica. Inmerso en la necesidad casi patológica que ha demostrado en sus dos gobiernos de ser cercano y querido por la ciudadanía, no es novedad que lance proyectos que se convierten en un búmeran para los suyos. Lo hizo también durante su primera gestión, cuando decidió instalar un gabinete de “técnicos”, dejando de lado a los partidos como si fueran una peste, o cuando determinó cerrar el penal Cordillera, justo cuando se conmemoraban 30 años del golpe militar.

Ahora, su decisión apunta nuevamente a dejar un legado forzadamente y evitar que en los libros de historia su gobierno sea solo sinónimo de crisis, estallido social y pandemia. Pero, en la práctica, nadie lo aplaude: ciertamente no lo hace la oposición –que acusa oportunismo- y en su propio sector termina convertido en un llanero solitario.

A eso habría que agregar que el proyecto de matrimonio igualitario ni siquiera es propio. No estaba en su programa de gobierno ni por asomo y solo termina colgándose de una iniciativa de Bachelet, lo que también le han recordado durante toda la semana, en medio de este as que saca desde su manga, pero que en realidad se convierte en un cañonazo en el pie.

Por si fuera poco, este anuncio solitario, con el que esperaba darle sabor a un discurso en el que poco podía decir, termina dividiendo aún más a su propio sector, dinamitando la poca unidad que le quedaba a la centro derecha, descuartizada por las ambiciones de sus principales dirigentes y por una desconexión con la ciudadanía brutal, verificada no solo en el estallido social, sino también en las encuestas que los golpean semanalmente y que se materializó en las pasadas elecciones con el magro respaldo a sus constituyentes.

La pregunta que queda en el aire, tras el anuncio presidencial y los efectos nefastos en la centroderecha es en la práctica, qué gana Piñera con este guiño al progresismo y cómo se extrapolará el quiebre con su sector para las parlamentarias y presidenciales de noviembre. ¿Quién realmente en los partidos que conforman su base política querrá sacarse una foto con él para la campaña? ¿Creerá el Mandatario que con este anuncio logrará capitalizar algo de confianza y respaldo ciudadano, de manera de poder tener un capital que traspasar a sus candidatos?

Mientras la pandemia no cede y la crisis económica tampoco, el Presidente apuesta por este relevante pero complejo anuncio, en medio de un discurso desabrido, sin grandes propuestas en variadas materias, incluyendo las regiones. Y con esta despedida, lo que queda claro es que tanto su gobierno como la relación con su propio conglomerado está hoy en la UCI. Y no pareciera haber nadie dispuesto a resucitarlo.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

 

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