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El gobierno en su propia trampa

8 de Septiembre 2019 Columnas

La discusión a partir de la propuesta de las diputadas PC, Karol Cariola y Camila Vallejo, de disminuir a de 45 a 40 horas semanales la jornada laboral, se ha convertido en la niña bonita del baile. Cualquier otro tema ha pasado al olvido en estos días –incluida reforma previsional y tributaria, pese al interés del Ejecutivo-, no solo en el Congreso y en el debate público, sino también en redes sociales, donde los “memes” al respecto han inundado el ciberespacio.

Se trata de una iniciativa que ha adquirido mucha más fuerza que la que probablemente imaginaron inicialmente las parlamentarias comunistas, pero que además se ha transformado en un boomerang para el gobierno de Sebastián Piñera, hasta el punto de convertirse en un continuo ridículo, con imágenes y descripciones ficticias y exageradas en la opinión pública, como la idea de que los brigadistas de Conaf dejarían de apagar los incendios forestales (lo que planteó el diputado Patricio Melero y que fue inmediata y públicamente negado por los propios mencionados) o que la Roja desertaría en medio de un partido de fútbol internacional, por haber cumplido ya las 40 horas de trabajo.

Lo cierto es que fue el propio gobierno el que le dio alas –como reza un conocido spot publicitario- a un proyecto que, de lo contrario, quizás habría tenido una vida más corta o menos bulliciosa. Fue el mismo Sebastián Piñera el que visibilizó la propuesta, a partir de su decisión de retrucar con otra de igual calibre: la jornada de 41 horas flexibles. Una proposición atropellada, populista, irreflexiva, en la que el Ejecutivo demostró una vez más que a veces las redes sociales y el calor de la calle influyen más en sus decisiones que su propia agenda.

Esta semana el director del Centro de Estudios y Encuestas Longitudinales de la Universidad Católica (UC), David Bravo, lo dijo claramente: “Las características de las buenas políticas públicas, de las que hemos tenido muchas en Chile y nos orgullecemos, uno, se basa en evidencia, poniendo primero los datos y después los proyectos; segundo, hecho con gradualidad, y, en tercer lugar, diálogo social. Y ninguna de la tres ha sido una de las características de la discusión actual”.

Y exactamente aquello ha sucedido en este debate, que ha carecido de evidencias concretas tanto por parte de las parlamentarias patrocinantes, como del propio Ejecutivo; no ha partido de la base de la masificación de datos duros a favor o en contra, como punto central del debate, sino de una mal entendida guerrilla de slogans, ni se ha instalado a partir de un diálogo social profundo, sino más bien de la temperatura –al rojo vivo- de las redes sociales y encuestas.

El gobierno se vio “desayunado” por una propuesta que no esperaba y un apoyo en la calle que hizo parecer la iniciativa como una panacea para lograr mayor respaldo ciudadano y dejar atrás la continua baja en los sondeos. Entonces, retrucó presentando su propio proyecto, sin preguntarle a nadie –ni a los empresarios, ni a sus propios parlamentarios-, para luego dejarlo caer con la misma rapidez, al darse cuenta de que no había “agua en la piscina” para tirarse el piquero.

Entre medio, el proyecto de Cariola y Vallejo continuó tomando fuerza, precisamente porque el gobierno, al presentar una iniciativa en la misma línea, validó la de las parlamentarias como algo que podía ser posible, mejorable, pero factible.

Entonces, cuando el Ejecutivo se dio cuenta del error –gracias a la inmediata reacción de algunos de sus aliados en el Congreso y de los empresarios, que pusieron el grito en el cielo-, dejó caer su propia idea. Simplemente la ignoró y dejó de ponerle fichas, instalándola en tierra de nadie. Pero, por el contrario, la iniciativa de las parlamentarias comunistas siguió tomando vuelo. Y ahí, en una vuelta de carnero digna del Cirque du Soleil, el Presidente recurrió a la amenaza de la denominada tercera cámara: el Tribunal Constitucional. ¿Debía llegar la conversación a este punto y transcurrir semanas para que el gobierno se diera cuenta de que la propuesta era inconstitucional? ¿No lo sabían desde un comienzo?

Lo cierto es que el gobierno hoy es víctima de su propia trampa, de una encrucijada en la que entró sin ser invitado y de la que no le será fácil salir. En la medida que la propuesta de Vallejo y Cariola se mantenga en la pole position de la agenda, la ciudadanía continuará estando “engolosinada” con la idea de tener más tiempo para la familia u otras actividades y para el Presidente Piñera no solo no será fácil salir jugando de este tema, sino que las consecuencias para su popularidad serán difíciles de subsanar.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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