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El fin del mundo y el plebiscito

17 de Septiembre 2022 Columnas

Señor Director:
El mundo se ha acabado muchas veces. El 20 de diciembre de 1954 una secta en Chicago se reunió a esperar el fin del mundo anunciado a las 12. Pero los minutos transcurrían y el mundo persistía. Desconcertados, los miembros más duros recurrían a estrategias para descubrir el error y mantener la creencia, como contrastar los relojes. Aun horas después seguían ideando estrategias para racionalizar la ausencia del fin. A las 4:45 am los alienígenas le informaron a la líder de la secta, la señora Martin, que Dios había decidido salvar la tierra porque los miembros de la secta habían extendido luz sobre ella. A las 4:50 a. m. los alienígenas ordenaron que se comunicara la buena nueva a los periódicos.
Leon Festinger se había infiltrado en la secta. En su ya clásico “When Profecy Fails” (1956), que sienta las bases de la “disonancia cognitiva”, escribió su famosa frase: “un hombre con una convicción es un hombre difícil de cambiar”. Y es que las expectativas cognitivas son a veces inmunes a la decepción. Si el mundo no se ajusta a ellas, entonces hay algo mal con el mundo.
Este fenómeno se ha visto profusamente revivido en los días posteriores al plebiscito: el pueblo mapuche “no entendió el texto”, dijo el director de la Conadi. La gente votó engañada o ignorante, sostuvieron otros. La campaña de la derecha contó con muchos recursos, etcétera. Se trata de estrategias similares a las de los miembros de la secta, gente con convicciones profundas inmunes a la decepción.
Las convicciones profundas acerca de qué es el pueblo —es decir, lo que debe ser— están a la base de estos análisis deficientes y sesgados, en que los deseos se disfrazan de hechos. Los hechos debiesen, sin embargo, llevar a revisar las propias expectativas cognitivas: cuando el 85% de la ciudadanía vota, no apoya propuestas constitucionales que parecen salidas de una facultad de estudios culturales. A veces las cosas no son lo que queremos que sean.

Publicada en El Mercurio.

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