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El arte de viajar

16 de Mayo 2016 Noticias

 

Es evidente que lo mejor que tiene el llamado “Chile Day”, es que se hace en Londres. Si fuera en una ciudad menos glamorosa, probablemente no irían las más de 300 personas que asistieron esta semana. Y no tiene nada de malo reconocerlo. Es más, pienso que es un acierto de sus organizadores, porque incentiva a los hombres de negocio a viajar a un lugar interesante, a salir de la rutina, a aprender de temas y cosas novedosas.
Pese a ello, el resultado no siempre es óptimo. En parte, porque la agenda muchas veces se la toman los problemas locales. Este año, por ejemplo, la prensa destaca que hubo un gran debate sobre la nueva ley de bancos y otro sobre pensiones. Temas interesantes, qué duda cabe. Pero no hay que viajar a Londres para ello. Para eso, es mejor reunirse en Santiago.

Me tocó asistir hace dos años a este evento y quedé con esa sensación. Que no pocos de los que van, están más preocupados de conversar con las autoridades chilenas que asisten que de aprender algo nuevo. O de socializar con sus pares locales, que con los extranjeros. Una muestra de lo provincianos que seguimos siendo en muchos aspectos. Es cierto que no pocos asistentes aprovechan su estadía y tienen agendas paralelas, de negocios, pero eso tiene poco que ver con el Chile Day.

Pero, aunque ir a este evento sea un excusa para viajar a Londres, igual podría ser algo interesante. Es una ciudad que tiene tanto atractivo político y cultural, que siempre es un lugar para aprender, para ampliar la mente. Basta ir a un buena exposición en alguno de sus magníficos museos. O asistir a un buena obra de teatro o un concierto de su abundante cartelera. O cosas más sencillas, como leer los diarios y notar el tipo de discusiones que tienen. O simplemente caminar por sus calles y parques que dan cuenta de que las ciudades pueden ser amables y bellas, aunque sean grandes y frenéticas. En suma, algo como tomarle el pulso a uno de los lugares de vanguardia del planeta.

Para eso hay que viajar con la mente y los ojos abiertos, para volver con experiencias y aprendizajes. Viajar como lo hace, por ejemplo, David Gallagher, un hombre que siempre nos sorprende con reflexiones sociales y políticas de sus estadías en el extranjero. A veces producto de una conversación con un amigo. Otras de una ópera a la que asistió. No importa lo que sea, siempre encuentra algo interesante.

Los hombres de negocio son probablemente las personas que más les toca viajar. Pero si aquello se remite a simples reuniones de trabajo, entonces el viaje no alcanza su potencial. Por ello, el verdadero test que tendrían que pasar todos los que ahora fueron a Londres sería uno donde se les preguntara: ¿Qué aprendieron? ¿Qué idea nueva trajeron de vuelta? Eso sí sería muy valioso. Para ampliar nuestra pobre agenda local. Para enfocar y mejorar nuestras discusiones. Y claro, este es un test que también habría que aplicar a las autoridades que estuvieron allá, partiendo por la Presidenta.

Porque viajar para hablar de lo mismo y con los mismos de siempre, para reafirmar lo que uno cree saber, no tiene mucho sentido.

Rector

La Tercera

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