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De clientes a dueños

21 de Noviembre 2019 Columnas

Estos días todos repiten que Chile cambió. Creo que un cambio de paradigma fue recordar que los ciudadanos chilenos no somos “clientes”, sino que somos “los dueños”.  Me explico.

Haciendo un poco una caricatura, los ciudadanos éramos “clientes”, que se expresaban en votos y debían ser atendidos. Así, el gobierno de turno era una administración que respondía a un directorio formado por ciertos partidos, y estos respondían a sus cúpulas (o a sus financistas u operadores). Cada cierto número de años, los clientes elegían directivos en base a la oferta disponible. Pero esos “accionistas dispersos” nunca se coordinaban mucho.

Pero hace dos viernes atrás hubo una reunión “de accionistas”. No participaron todos, pero sí muchos. Fueron personalmente uno o dos millones en todo Chile, que se dirigieron al “gerente general”, el Presidente de la República, y a otros miembros del directorio. Esa reunión —tal como en empresas familiares dispersas— no fue tan clara en los mandatos, pero sí quedó en claro quién es el dueño.

Si uno escucha a los nuevos ministros de Hacienda, Interior y vocería, por fin le están hablando a los millones de dueños de esta gran familia, y no a un “cliente” al que le quiero vender una promoción de celular. A los clientes los puedo cambiar o ajustar, según mi foco estratégico. Pero los millones de accionistas de esta empresa familiar quieren que los traten como dueños.

¿Significa que ahora la política necesita solo yes-man, dándole en el gusto en todo a los dueños más vociferantes?  Obviamente no. Las decisiones colectivas necesitan de guías y no todas son necesariamente coherentes. En este contexto de merecido respeto a los dueños, ¿cómo avanzamos? Primero, partamos por no sobrevender los beneficios del cambio de estatutos. Si no tenemos la infraestructura institucional y presupuesto, los derechos constitucionales son solo cheques incobrables. El ciudadano-dueño en América Latina está un poco aburrido del exceso de promesas. Y, a diferencia del ciudadano-cliente, el dueño no se cambia, sino que muestra los dientes y puede botar a todos los gerentes, aunque la alternativa no sea clara. Al menos desde 2013 los candidatos vienen prometiendo arreglar el hoyo de las pensiones. Es hora de hacerlo. Lo segundo es conversar con el dueño las consecuencias de ciertas avenidas. Por ejemplo, la importancia de dar certezas básicas a la inversión productiva. A diferencia de Argentina, que es intensiva en cultivos anuales, Chile es un país con más proyectos de muy largo aliento: cobre, frutales, bosques. Para echarse a andar, esos proyectos necesitan mayor claridad en el horizonte que el cultivo de soja. Si bien no debemos endiosar al inversionista, tampoco debemos caer en el infantilismo de que el presupuesto y la base tributaria brotarán como maná del cielo. Ojalá que en estos meses de deliberación también empaticemos con la inversión que da trabajo y que viabiliza nuestro Estado.

“A diferencia del ciudadano-cliente, el dueño no se cambia, sino que muestra los dientes y puede botar a todos”.

Publicado en La Segunda.

 

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