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Crímenes y criminales

18 de Octubre 2019 Columnas

Pocas veces en la historia reciente un jefe de Estado ha proclamado abiertamente su intención de cometer crímenes en contra de la humanidad como lo ha hecho en estos días Erdogan, el presidente de Turquía. En efecto, al realizar la invasión al territorio kurdo en el norte de Siria, su objetivo declarado es establecer en un territorio de mayoría histórica kurda, tres millones y medio de árabes sunitas, tras haber expulsado o ejecutado a parte de la población kurda de la región.

Las brutales imágenes que han llegado de la región en estos días además muestran como el ejército turco y sus aliados locales islamistas están cumpliendo los propósitos de Erdogan. Los videos de las ejecuciones de soldados kurdos capturados son crímenes de guerra. La masacre de civiles, como la tortura y el posterior asesinato de Hervin Khalaf, son crímenes contra la humanidad. Los bombardeos despiadados a población civil constituyen o crímenes de guerra o crímenes contra la humanidad. Incluso, la brutalidad de los invasores sobrepasa por mucho lo esperado hasta hace unos pocos días. Que las imágenes que nos han llegado sobre estos crímenes hayan sido filmadas y distribuidas originalmente por los soldados turcos o los islamistas árabes que les son aliados muestra como creen que pueden actuar con plena impunidad en la ejecución de sus crímenes.

¿Y por qué no lo creerían? La historia de la Turquía moderna confirma esta impresión. No hay que olvidar que los fundadores del Estado turco son en su inmensa mayoría los oficiales que organizaron y ejecutaron el genocidio armenio durante la primera guerra mundial. Genocidio que hasta el día de hoy Turquía sigue negando. Que luego, cuando establecieron su nuevo Estado, ejecutaron una limpieza étnica de la población griega de Asia Menor. Y que desde entonces Turquía sigue discriminando y persiguiendo a la minoría kurda que habita en su territorio, sin que esto le suponga problemas de ningún tipo en la arena internacional.

Por ende, basándose en la historia reciente, Erdogan parece tener todo a su haber al decidir cometer estos crímenes contra la humanidad, ya que no debería tener costos por ellos. Como han sido nulos los costos que ha pagado por haber apoyado, a través de los servicios secretos turcos, al Estado Islámico desde su creación hasta su destrucción en manos de los kurdos. Y al apoyar hoy día su invasión en los rebeldes islamistas que quedan en Siria.

Sin embargo, no deberá haber razón de que esto sea así. A nivel internacional es posible aplicar una serie de sanciones en contra de Turquía, que pueden llevar a su economía al colapso, como también presiones diplomáticas que vayan fragilizando la posición turca, derivando incluso los antecedentes a la Corte Penal Internacional.

Nuestro país, -si el presidente Piñera fue sincero al indicar la importancia que tienen los derechos humanos en su política- podría partir expulsando la embajadora de Turquía y mantener únicamente relaciones consulares. También podría proponer que todos los países de Prosur hagan lo mismo, ya que uno de los objeticos proclamados del bloque es la defensa de los derechos humanos. ¿O estas declaraciones fueron solo al viento?

Publicada en La Tercera.

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