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Covid -19 y conocimiento digital: ¿Una real oportunidad para el desarrollo de Chile?

27 de Mayo 2020 Columnas

Hace pocos días atrás, la capitalización bursátil de la empresa Zoom Video Communications, de 49 mil millones de dólares, superó la suma total de las respectivas valorizaciones de las siete principales compañías aéreas del mundo, las que cayeron en dos tercios en estos meses. ¿Efecto de la pandemia del covid-19? Por supuesto. Acausa de la sanitaria de los últimos 100 años, los movimientos de millones de personas se limitaron por meses, deteniendo miles de vuelos diarios y acelerando paralelamente la renombrada transformación digital. Basta preguntarles a los de empleados o apoderados alrededor del mundo cómo sus lugares de trabajo y las salas de clase se virtualizaron, gracias a Zoom u otros proveedores.

En Chile, esto forzó la desaparición de múltiples obstáculos para permitir el trabajo remoto vía la aprobación -finalmente- de proyectos de ley y de reestructuraciones en las organizaciones mismas. No obstante, estos hechos reflejan algo más profundo, siendo solo la conclusión de una dinámica en curso desde hace décadas. El golpe brutal a la ya alicaída industria de la aviación, de pobre innovación y sujeta a una intensa guerra de precios, hace aún más evidente el contraste frente a las industrias digitales, cuyas organizaciones están ubicadas en los primeros lugares en cuanto a desarrollo, crecimiento y valor a nivel mundial. Así, si bien las secuelas de esta crisis son definitivamente estructurales para ambas industrias, no van en el mismo sentido, y la rapidez de esta crisis solo hace más visible el efecto.

Parafraseando a Alec Ross, asesor en innovación durante el gobierno de Barack Obama, serán aquellas organizaciones, industrias, grupos, que sean capaces de generar y adoptar ágilmente las innovaciones tecnológicas quienes sobrevivirán a los shocks, incrementando aún más su distancia y robustez frente a otras. Era esperable que, ante una de esta envergadura, aquellos estados y organizaciones que tuviesen la mejor capacidad de innovar aun mejor. Por lo tanto, se hacen todavía más relevantes las siguientes preguntas: ¿Cuán preparado está el país, y sus organizaciones, para productivamente utilizar tecnologías transformativas? ¿Podemos realmente enfrentar las implicancias de la disrupción digital? ¿Es posible ver una oportunidad de desarrollo real dentro de la severidad de la crisis?

La brecha digital se refiere al desigual acceso, uso o impacto de las TIC entre grupos sociales. Dado el altísimo porcentaje de penetración global de la tecnología móvil, hoy la brecha digital se entiende más como una medida relativa sobre anchos de banda y habilidades asociadas a las TIC. Desde esa perspectiva, es revelador leer el ranking mundial de competitividad digital WDCR 2019 realizado por el IMD, Suiza, justo antes del covid-19. Considerando una serie de varios indicadores agrupados en tres variables -conocimiento, tecnología y preparación para el futuro-, el estudio concluye que las mejores economías son aquellas basadas en individuos capaces de adaptar nuevas tecnologías e industrias que demuestren flexiblidad para innovar. Chile descendió en todas las categorías, perdiendo cinco puestos para quedaren el lugar 42 de 63 países analizados. Nuestra peor posición es en conocimiento (50), mientras que nuestra preparación para el futuro preocupa por la falta de agilidad para incorporar esas nuevas tecnologías por las industrias.

Profundizando en el análisis, se hace evidente la falta de capacitación de la fuerza laboral -somos penúltimos en el ranking- junto con la baja inversión en I+D y pésimos resultados en el patentamiento de tecnologías. Nuestra mejor variable, del total de 50 consideradas, es nuestra capacidad para atraer capital humano avanzado extranjero (8). Aunque esto último es algo muy positivo, al compararlo con la pobre evaluación de las habilidades locales queda en evidencia la falta de un compromiso país transversal por desarrollar competencias -digitales o al menos análogas- propias, suponiendo que las innovaciones vienen equivocadamente off-the-shelf o, peor todavía, creyendo que en Chile no hay talento.

En conclusión, Chile es hoy menos innovador y menos competitivo digitalmente que hace un año, algo muy preocupante en situaciones extremas, cada vez más frecuentes. Así, esta crisis puede ser la oportunidad “ideal” para repensar fundamentalmente nuestras estrategias a fin de reducir la brecha digital. En particular, para mejorar y actualizar sustancialmente las habilidades digitales de nuestra fuerza laboral y con ciclos de formación mucho más cortos tipo bootcamps preparando a nuestros jóvenes con una educación digital transversal y longitudinal en ciencias de datos y de la computación.

Publicado en Especial de Ingeniería 2030 de El Mercurio

 

 

 

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