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Comunicación en deuda

13 de Septiembre 2020 Columnas

“El que explica, se complica”, dice el dicho popular. Y eso fue precisamente lo que le pasó al Gobierno en estos días, a partir del plan “Fondéate en tu casa”, que pretendía aclararle a la población lo que podría y no hacer en estas Fiestas Patrias, en plena cuarentena.

Pese a las buenas intenciones, lo cierto es que la comunicación del plan estuvo al debe y terminó generando más preguntas que respuestas, junto con un alto nivel de frustración en grupos de la ciudadanía que comenzó celebrando la apertura y terminó enredada en un intríngulis de declaraciones gubernamentales, que duraron cerca de una semana y que pretendían -una tras otra- explicar la intervención anterior, en un laberinto de malentendidos y aseveraciones erróneas.

Las primeras noticias apuntaron a que los chilenos podrían pedir un permiso especial para celebrar la independencia de la Patria junto a sus familiares. Hasta ahí todo bien. Pero solo unos días después comenzó el enredo. ¿Todas las comunas, incluidas las que están en cuarentena, podrían acceder a ello? ¿Cuántos podrían juntarse en una casa? ¿Cinco personas? ¿Diez? ¿Quince?

Desde ahí, las declaraciones comenzaron a ir y venir, en un embrollo de posibilidades que -finalmente- la ciudadanía no lograba masticar y que solo servía para generar una falsa sensación de seguridad (¿El virus quedaría en pausa durante las Fiestas Patrias?) para luego caer en la cuenta de que la realidad continuaba siendo igual, que el aislamiento de amigos y familiares no cesaría en las festividades y que todo había sido una mala broma, una equivocación del destino.

Pero no fue del destino, en realidad, sino del gobierno. En un comienzo, el titular de Salud, Enrique Paris, planteó que solo podría haber cinco comensales en total, por lo que, si una familia estaba compuesta por esa cantidad de gente, no había posibilidad de invitar a un sexto. Menos de 24 horas después, fue el ministro vocero, Jaime Bellolio, quien tuvo que salir a explicar a su par: son cinco personas aparte de las que viven en la casa. O diez si es un lugar abierto. Los “memes” al respecto comenzaron a abundar.

Entre medio, la pregunta que daba vueltas era si esto aplicaba para todas las comunas del país, según se informó en un comienzo por parte de las autoridades. Porque de ser así, en realidad significaba un relajamiento de las medidas y un paréntesis en la cuarentena que viven varias ciudades del país y de nuestra región, entre ellas, Viña del Mar y Valparaíso, que, pese a las medidas restrictivas, no han logrado un descenso importante de los contagios.

Nuevamente, un “fail” dirían los más jóvenes. Solo unas horas después el mismo gobierno dio pie atrás para aclarar que el plan de apertura para los festejos solo estaba pensado para las comunas en transición y que las que aún se encuentran en cuarentena no tendrían permisos especiales en estas fechas.  Una vez más, la capacidad de generar un exceso de expectativas y luego caer abruptamente a la realidad, le jugaba una mala pasada al gobierno de Sebastián Piñera. Y, en verdad, a la propia ciudadanía, que se entusiasmó con la idea de olvidar al demoníaco virus por un rato y luego volvió a la realidad.

Finalmente, hacia el fin de esta semana recién los chilenos pudimos entender qué diantres quería decir el gobierno desde hace más de siete días: el concepto es “fondéate en tu casa”, es decir, no salgas. Aun así, si tu comuna no está en cuarentena, podrás pedir un permiso de seis horas para ir de visita y celebrar en familia, pero siempre y cuando no se superen las cinco o diez personas, aparte de quienes viven allí. Ahora, si estás en cuarentena, no puedes salir. Así de simple era el mensaje.

Javier del Rey plantea que “la comunicación es, en efecto, el recurso fundamental de la política y una de las categorías básicas de la democracia (…) La política pasa por la comunicación (…) porque gobernantes y gobernados necesitan reducir la incertidumbre que ambos tienen”. Es precisamente esa indecisión lo que generó desorden, en vez de convertirse en una fuente de certeza esperable para la población.

Pese a las decenas de explicaciones, la discusión dejó más preguntas que respuestas. ¿Tiene sentido relajar las medidas cuando en el país se comienza a oler un rebrote del virus? ¿Era realmente necesario dar nuevamente una señal de “normalidad” cuando todavía la pandemia es una realidad y se requiere que la ciudadanía mantenga el estado de alerta? ¿Qué capacidad de fiscalización y de control efectivo tienen las autoridades para asegurar el cumplimiento de las medidas? El debate continúa abierto.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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